Artículo: Son tiempos para la ética. ¡Más que nunca!

Artículo publicado en Social.cat

23 de octubre de 2020

Las organizaciones sociales estamos viviendo momentos muy complejos. Cada día nos encontramos nuevas situaciones, urgencias, protocolos … que nos tienen completamente concentradas en la gestión del día a día. Y nos puede parecer que no son tiempos de hablar de ética, que ya es suficiente con garantizar la supervivencia de las entidades y la atención a las personas que dan sentido a nuestra actividad.

Pero este puede ser un gran error, porque si algo nos encontramos actualmente cada día son conflictos de valor que si tuviéramos herramientas de gestión ética tal vez, solo tal vez, podríamos resolver mejor.

Hace unos días la directora de una entidad que presta servicios para personas con discapacidad me ponía un ejemplo clarísimo. Desde la concepción de promoción de los derechos de las personas y de poner a estas en el centro de la atención, la entidad apuesta por la autonomía y por el respeto a sus decisiones. Pero esta apuesta les conlleva importantes contradicciones en el día a día. Cuando una persona dice que quiere salir y ejercer su derecho a relacionarse con su entorno, pero las responsables del servicio saben que esa persona puede que no respete las medidas de prevención ante la Covid-19, se encuentran ante un conflicto entre la libertad de la persona y la protección de su salud y de la salud pública.

Y nos puede parecer que bastante tenemos con resolver estas situaciones que nos encontramos cada día. Pero tal vez no somos conscientes de que este es un conflicto de valor clarísimo y que si, por ejemplo, tuviéramos incorporados en nuestro día a día métodos para la integración de la ética en la toma de decisiones podríamos encontrar la mejor respuesta o al menos miraríamos las diversas alternativas desde el prisma de la perspectiva ética.

Este es sólo un ejemplo, pero resulta muy ilustrativo de la realidad actual de las entidades. Estamos en un momento en el que nos parece imposible centrar nuestra atención en diseñar y aplicar herramientas para avanzar en una gestión más ética, cuando en realidad estas herramientas nos harían la vida más fácil, reduciendo el sufrimiento y aportándonos más tranquilidad sobre las decisiones que tomamos:

  • No resolveríamos mejor las difíciles situaciones que nos encontramos cada día si, como personas, estuviéramos entrenadas y apoyadas por ejercer unos liderazgos más éticos y responsables?
  • No estaríamos más preparados para gestionar la complejidad actual si, como equipos, estuviéramos formados para incorporar los criterios éticos en los procesos de diálogo y toma de decisiones?
  • No nos resultaría más fácil desarrollar las medidas que nos estamos viendo obligadas a poner en marcha desde la complicidad y desde la participación estructurada de todos los grupos de interés, en un marco de relaciones de confianza?
  • No sería una herramienta útil poder medir y gestionar la coherencia que las personas perciben en el día a día, respecto a la aplicación real de los principios y valores que guían lo que hacemos?
  • No podríamos articular procesos de participación real y gobernanza para garantizar con mayor seguridad que estamos poniendo de verdad las personas en el centro?

En todos los casos la respuesta es sí. Necesitamos seguir avanzando hacia una gestión más ética y [radicalmente] responsable. Radical porque nace de nuestras raíces, de nuestra esencia como organizaciones con un claro propósito orientado a las personas. No podemos perder de vista esta esencia, no la podemos descuidar. Porque las entidades sociales aportamos valor y aportamos valores, pero si no gestionamos la aplicación de estos valores en el día a día, si no velamos porque no se estén produciendo situaciones en las que las personas que forman parte de nuestras organizaciones vivan una incoherencia entre [lo que decimos] y [lo que hacemos] nos podemos ir desligando, sin darnos cuenta, de aquellas raíces que nos vinculan con nuestra misión.

Tenemos responsabilidades y las hemos de gestionar, desde el equilibrio entre las diferentes dimensiones de nuestra cultura organizativa. Nunca debemos dejar de preguntarnos cómo queremos ser, cómo nos organizamos y gobernamos, cómo nos relacionamos y con quién, qué impacto generamos y cómo tomamos decisiones. Preguntas que nos deben llevar a una mejora continua en todas estas dimensiones, sin centrarnos en unas y descuidar las otras.

Los tiempos actuales nos llevan a respuestas inmediatas, a apagar fuegos tan pronto como sea posible y no siempre nos detenemos a analizar si estas son las mejores respuestas desde una perspectiva ética. Pero la urgencia pasará y nos encontraremos, quizás, con estructuras alejadas de los valores que en su día definimos y con personas que, cuando no tengan que reinventarse y superarse cada día para salvar vidas, tal vez hayan perdido los vínculos emocionales con el propósito compartido que las hizo caminar juntas. Cuando dejamos de salvar vidas, tendremos que empezar a salvar almas. Y el alma de las entidades es su cultura.

Por tanto, no es que sea conveniente diseñar y aplicar herramientas para avanzar en una gestión más ética, es que lo necesitamos más que nunca. Porque de golpe nada es como era, ni lo volverá a ser. Cada día tenemos que tomar decisiones en situaciones desconocidas que nos ponen ante choques entre valores y derechos legítimos, básicos y universales. Y si no somos capaces de abordarlas desde la ética, si no tenemos las herramientas para hacerlo, acabaremos siendo eficientes gestoras de casos, lejos de las entidades promotoras de la vida y la sociedad que soñamos.

Es el momento de construir el futuro que queremos, un nuevo futuro más humano, auténtico y sostenible!

 

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