Conexiones beethik: entrevista a Pau Roca

Pau RocaActor  y director de la compañía de teatro Sixto Paz, trabaja también en cine, televisión y doblaje.

Copropietario de los restaurantes LLuritu, en plena pandemia ha inaugurado La Muriel, un espacio polivalente donde conviven la cultura y la gastronomía.

 

 


 

1. En beethik hablamos de la ética de la responsabilidad radical: un compromiso de las personas y las organizaciones para re-conectar con nuestras raíces, para volver a las cosas básicas que nos unen y transformar la sociedad. ¿Cómo te resuena ti este concepto en el contexto de tu actividad?

Para mí la ética en mi trabajo, sobre todo en el teatro, es intentar que cada proyecto transforme y que nos haga crecer como personas. Intento elegir textos, conceptos o historias que tengan sentido ahora, que interpelen a la gente, que te digan algo con relación a nuestras vidas. Es fácil irse a temas «resultones» pero que no te dicen nada o que no conectan con la realidad de lo que está pasando.


2. Fundasteis la compañía de teatro Sixto Paz en 2013 y en vuestra presentación decís: «una ocupación importante de nuestra empresa es la de cambiar las reglas del juego». ¿Cuáles habéis cambiado y cuáles se resisten aún?

Quizás no hemos cambiado ninguna, pero al menos intentamos sacudir. Para empezar, cuando creamos la compañía quisimos hacer un equipo diferente, que no todo el mundo viniera del mundo del teatro. Éramos una periodista, una escenógrafa de teatro, un historiador-montador de cine y un biólogo. El teatro es una manera de expresar y esta diversidad de personas de teatro combinadas con las aportaciones de una periodista, un biólogo o un historiador nos ayudó mucho a cambiar los modos de comunicar y llegar al público. Nacimos en un momento en el que aparecían las nuevas plataformas y en el que era muy fácil quedarse en casa, por eso nosotros le dimos mucha importancia al «pre» y al «post», para intentar implicar al espectador antes y después de la función y conseguir que la experiencia de ir al teatro fuera más completa.

Siempre hemos intentado también ser muy transparentes. Sentíamos que hacía falta mucha pedagogía y enseñar que detrás de los actores había mucha gente trabajando. En algunas obras hicimos un dossier muy extenso en el que explicábamos todo tipo de detalles: cuánta gente estaba trabajando, qué cobrábamos, cuántas butacas había que llenar para cubrir gastos, etc.

Y se resiste mucho la vertiente pública. El Teatro Nacional es como un dinosaurio difícil de mover y de innovar; el propio edificio ya es un ejemplo de la necesidad de «demostrar» no sé qué. Te vas a Escocia, por ejemplo, y el teatro no tiene sede, es una oficina, lo que implica que está descentralizado y que hoy se estrena en un lugar y otro día se estrena en otro. Esto les da una flexibilidad que aquí no tenemos. Por ejemplo, con la pandemia el Teatro Nacional podría haber aprovechado el espacio exterior para hacer cosas al aire libre y no se ha hecho nada.


3. En beethik estamos convencidos de que la forma en que tomamos decisiones determina en gran medida cómo nos relacionamos y la calidad de la sociedad en la que vivimos y, curiosamente, uno de los retos que os proponéis en Sixto Paz es hacer partícipe al espectador de la toma de decisiones. ¿Qué cambios deseáis introducir en el mundo de la cultura con esta iniciativa? ¿Nos puedes poner algunos ejemplos de cosas que habéis hecho en este sentido?

Uno de los ejemplos que introdujimos para hacer participar al espectador en la toma de decisiones fue la “taquilla inversa”. Fue una sacudida muy criticada y a la vez muy aplaudida que no dejó indiferente a nadie. Las críticas surgieron porque en el sector se pensaba que los actores cobraban en función de ello y no es verdad. Los actores no cobraban en función de la recaudación, pero sí que era una manera de hacer conscientes a los espectadores de la importancia de su aportación. Nosotros nos comprometíamos a pagar a toda costa el sueldo a los artistas y éramos nosotros como compañía los que asumíamos el riesgo. Por lo tanto, no estábamos infravalorando ningún trabajo. Queríamos experimentar y nos aportó cosas muy positivas. Por ejemplo, el teatro se llenó de gente joven; es cierto que te pagaban poco dinero, pero también nos recomendaban mucho y de repente el teatro se llenaba. Además, esto se equilibraba con espectadores con mayor capacidad económica y, al final, durante los tres años que lo hicimos fuimos la compañía que más recaudó de media. Pero, como todo, había que comunicarlo bien y hacer mucha pedagogía para que el hecho de pagar por la función fuera un acto consciente de responsabilidad y no se entendiera mal.

Hemos hecho muchas cosas para comunicarnos y acercarnos a la gente de otra manera. En algunas funciones, por ejemplo, hemos regalado un lápiz al final y hemos planteado al espectador que lo use de testigo apelando a su responsabilidad para decidir si tirarlo a la papelera o, si le ha gustado la obra, regalarlo a otra persona que recibirá un descuento al presentarlo en taquilla. Es una manera de hacer que el espectador se convierta en una parte de tu historia.


4. Tienes seis años. Tu madre está en el hospital. Tu padre dice que ha hecho «algo estúpido». Le cuesta ser feliz. Así que empiezas a hacer una lista de las cosas excepcionales de este mundo. Cada una de las cosas que hacen que la vida valga la pena… Así se presenta una de las últimas obras de teatro que protagonizas. Es una obra de la que sales emocionado y con una inspiración de aire lleno de humanidad y esperanza ante la adversidad. ¿Qué intención hay cuando seleccionas una obra?

Lo primero es que sea una obra que nos guste a todo el equipo. Si hay alguien a quien no le gusta, no la hacemos.

Después, como he dicho antes, debe ser una obra que conecte con la realidad, con lo que le pasa a la gente y de alguna manera te ha de interpelar, te ha de decir algo. Yo lo paso muy mal cuando voy al teatro y veo que está muy alejado de lo que está pasando en la calle.

Por otro lado, también nos hemos impuesto combinar hacer cosas más arriesgadas y más experimentales, que rompan barreras, con hacer cosas más comerciales. Las primeras nos han de enamorar, nos deben hacer crecer como personas y como compañía y las segundas deben tener un texto de calidad. Para mí «Las cosas excepcionales», la obra a la que os referís en esta pregunta, es una obra que funciona muy bien, que conecta con todo el mundo, es comercial, pero al mismo tiempo tiene un texto de mucha calidad y un fondo potente.


5. En plena crisis sanitaria has inaugurado La Muriel, un espacio cultural abierto a la convivencia de teatro, música, danza, poesía, gastronomía, espacio de coworking… Parece que responde a uno de esos deseos, a uno de esos sueños que de golpe se hacen realidad. ¿Qué representa para ti La Muriel? ¿Qué puede aportar a la cultura?

La Muriel es como cerrar un pequeño círculo, sin que sea un punto de llegada porque nunca nos hemos apalancado y queremos estar siempre reinventándonos. Me gusta pensar que no nos puedan clasificar ni etiquetar mucho. Y con La Muriel queremos continuar innovando. Estamos dando voz a gente joven de muchas disciplinas culturales. Queremos ser un espacio de conexión. Estamos trabajando por el barrio y haciendo tejido cultural. Mucha gente nos ha dicho que estamos haciendo una función pública.

Una de las cosas que haremos será un podcast que se llamará «Los chicos del azúcar» y que será una tertulia muy irreverente donde sacaremos todos los trapos sucios de la cultura.

Queremos que La Muriel sea un lugar donde el barrio, la cultura, la gastronomía y la fiesta se unan.


6. Este año 2020 está siendo muy duro, especialmente para las personas más vulnerables, y para los sectores que han sufrido restricciones más duras, como la cultura y la restauración, entre otros. Precisamente tú estás en ambos. ¿Crees que se ha tenido en cuenta vuestra perspectiva a la hora de tomar decisiones sobre estos sectores? ¿Qué valoración haces de todo ello?

No voy a entrar a valorar si las medidas están bien o mal. Lo que no puede ser es que tengamos que cerrar nuestros locales con la enorme pérdida de dinero que ello supone y que más del 50% sean impuestos. Por eso han cerrado más del 40% de los restaurantes de Barcelona.

A los representantes de la cultura y la restauración se nos ha pasado por encima. En alguna ocasión se nos ha consultado, pero luego se han tomado decisiones sin tenernos en cuenta. Concretamente, el sector cultural ha aplicado medidas excepcionales de higiene, de protección, de aforo, de cuidado con las líneas de entradas y salidas y se han generado espacios muy seguros, pero no se entiende el porqué de las decisiones que se han tomado.


7. Se acerca Navidad, una época del año en la que la cultura ha tenido siempre un papel especial, pero este año será diferente y, tal vez, podríamos aprovechar para reflexionar un poco … ¿Qué le pedirías a la sociedad, a cada una de las personas que formamos parte, para implicarla en la transformación hacia un mundo mejor en el que la cultura tenga el lugar que se merece?

Creo que no podemos pedir nada. Debemos estar a la altura y hacer cosas que interpelen a la gente, adaptar lo que hacemos y cómo lo hacemos para generar interés por la cultura. Si hablamos desde un pedestal no conectaremos y la gente no irá al teatro.

Eso sí, si piensas ir a un espectáculo, al teatro por ejemplo, no lo dejes para el final, ve la primera semana, para que la obra no se muera por el camino.


8. Por último, ¿podrías resumir, en tres palabras, cuál debe ser el papel de la cultura en la construcción de una sociedad más auténtica, humana y sostenible?

Crítica, riesgo y sentido del humor.

 

Conexiones beethik: entrevista a Boris Mir

Boris-Mir

Foto: Sandra Lázaro

Profesor de educación secundaria experto en aprendizaje y en transformación educativa, formador en diferentes universidades y consultor en organizaciones educativas sobre gestión del cambio y liderazgo. Ha participado en el impulso de proyectos innovadores como el programa “Escola Nova 21”.


 

1. ¿Qué te sugiere el concepto de ética de la responsabilidad radical aplicado al ámbito de la educación?

En el ámbito educativo, la responsabilidad ética es parte de nuestra identidad, ya que los educadores tenemos una responsabilidad añadida debido a que nos dedicamos a formar personas. Si, además, son niños y jóvenes, pues aún más.


2. A menudo se escucha que quien realmente cambiará las cosas serán las nuevas generaciones. Tú acompañas a adolescentes como profesor, y también ayudas a maestros y personas adultas para innovar en el proceso educativo. ¿Es el mismo proceso de aprendizaje con ambos colectivos? ¿Qué expectativas de cambio pones en unos y otros?

Los procesos de aprendizaje tienen características comunes, es decir, todas las personas «aprenden» con estrategias similares: relacionando sus conocimientos previos con los nuevos aprendizajes, construyendo el significado a través de la reflexión, la creación o la interacción con los demás, reflexionando sobre la práctica, etc.

En cuanto a los cambios sociales o históricos, no depende tanto de la generación a la que perteneces, sino de tu actitud ante el cambio y de tu capacidad de impactar. En este sentido, hace falta un mayor compromiso y empoderamiento de todas las generaciones para poder participar más democrática y críticamente en los asuntos comunes.


3. Si nos centramos en estas nuevas generaciones, las tendencias actuales muestran un cambio en su compromiso con la transformación social y el cuidado del planeta. Sin embargo, ¿Se lo estamos dejando fácil? ¿Cuál es nuestra responsabilidad para permitirles avanzar hacia planteamientos más responsables? ¿Les estamos acompañando de manera adecuada desde la educación?

No está tan claro que los más jóvenes tengan un mayor compromiso con la transformación social y el cuidado del planeta. En los países empobrecidos luchan por salir adelante y en los países ricos también tienen actitudes consumistas o clasistas en gran medida. Es decir, hay jóvenes muy comprometidos y los hay muy reaccionarios. No hay una adscripción generacional, más allá de cierta «rebeldía» propia de la juventud. Los comportamientos sexistas o clasistas, por ejemplo, también están bastante extendidos entre los jóvenes, desgraciadamente. Justamente por eso, los adultos somos responsables de acompañarlos en este crecimiento hacia ideas y comportamientos más solidarios, críticos y fundamentados. Los entornos educativos y de socialización son fundamentales para una educación crítica, lo que implica a todos los agentes sociales que son «educadores» sin ser conscientes.


4. La forma en que tomamos decisiones y nos relacionamos determina en gran medida la calidad de la sociedad en la que convivimos. ¿Qué importancia crees que tiene el diálogo, la cooperación y la orientación al bien común como base de la forma de relacionarnos? ¿Cómo lo está haciendo la escuela?

Efectivamente, el diálogo, la cooperación y la orientación al bien común tienen un papel determinante en la formación de una ciudadanía crítica y responsable. El diálogo fundamentado y la aceptación de la diferencia son instrumentos fundamentales de construcción del bien común.

La escuela, sin embargo, no tiene esta función en el núcleo de su propósito. A menudo tienen un carácter meramente «instrumental», es decir, son herramientas de transmisión de contenidos o conocimientos, pero no profundizamos lo suficiente en su naturaleza como objeto de aprendizaje en sí mismo. Aprender a dialogar, a cooperar, a tomar decisiones por consenso debería ser un objetivo de aprendizaje, más que un instrumento.


5. Hay muchas iniciativas, tanto en el ámbito educativo como en otros, que plantean verdaderos cambios y transformaciones que se viven como necesarios, pero al final la mayoría quedan en buenas intenciones o, en el mejor de los casos, en pequeñas mejoras. ¿Por qué cuesta tanto transformar de verdad las maneras que tenemos de hacer las cosas? ¿Cuáles son las claves para conseguirlo?

En primer lugar, porque los cambios y las transformaciones «radicales» exigen un alto grado de compromiso, acción e, incluso, de renuncias: en todas las transformaciones importantes hay pérdidas y ganancias y conflicto de intereses. En general, se subestima la energía y el grado de sacrificio e implicación personal que todo cambio significativo conlleva.

En segundo lugar, porque los cambios importantes no son solo instrumentales. Son culturales e, incluso, de identidad. Las personas tenemos que construir nuevas formas de comprensión, de conducta y de valores. ¡Incluso repensar o rehacer nuestra identidad para ser más radicalmente éticos!

La «gestión del cambio», por lo que yo he visto en las organizaciones, se aborda de una forma demasiado mecanicista, con etapas, análisis DAFO, objetivos, etc., cuando, en realidad, el cambio es un proceso mucho más orgánico, interrelacionado y complejo. El cambio funciona más como un ecosistema complejo que como un sistema complicado de causas y efectos.


6. Estamos en un mundo en el que deben convivir maneras de pensar y actuar muy diferentes y en el que, a menudo, cada uno intenta imponer su «verdad». La Declaración de los Derechos Humanos establecía unos valores y derechos universales, una ética de mínimos, que parecía que podían orientar las bases de nuestra convivencia en paz, pero tenemos muchas señales que evidencian que no siempre se tiene presente. El sistema educativo actual, ¿incorpora suficientemente una formación orientada al reconocimiento y aplicación de los valores y derechos universales básicos en nuestra vida diaria?

Incluso la Declaración de los Derechos Humanos, que pretende ser universal, es un producto cultural de un momento histórico hecho por estados, principalmente. Ignora el fenómeno de la globalización (piensa en estados y «nacionalidades» o en «tribunales» estatales), o no aborda la sostenibilidad del planeta, los temas de género («los hombres y las mujeres»), etc. Yo incluso creo que necesitamos una nueva mirada crítica sobre la Declaración de los Derechos Humanos …

En la escuela, justamente, debemos encarnar estos debates y reflexiones, no tanto para asumir la Declaración (que está muy bien), sino para ir más allá.


7. Hablas de la importancia de medir y evaluar para crecer y mejorar y también en alguna ocasión has dicho que «en nuestra obsesión por conseguir y medir objetivos de aprendizaje hay una cierta deriva productiva que me incomoda». ¿Qué valores están aquí contrapuestos? ¿Cómo se puede resolver este conflicto?

Tenemos dos problemas muy graves: «medir» está sobrevalorado. Nos enfoca mucho a los «resultados» y poco a las «causas». Nuevamente, aquí está esta deriva mecanicista de causas y efectos en asuntos humanos, los cuales siempre son más profundos y ricos de los que suponemos.

Y, por otra parte, acabamos midiendo lo que se puede medir, no lo que es más importante. En la escuela esto es dramático, nos centramos en constatar que la gente «aprende cosas» cuando en realidad necesitamos centrarnos en «desarrollar capacidades y competencias» para una vida plena. 


8. Por último, en tres palabras, ¿qué significa para ti incorporar la ética en la toma de decisiones?

Para mí la ética siempre está relacionada con la tríada clásica del «bien, la belleza y la bondad«, así que me gustaría que una toma de decisiones siempre considerara estos tres aspectos.

 

Preguntas y… ¿respuestas? ¡Herramientas!

La ética es la acción que va forjando nuestro mejor carácter colectivo. Y la acción se impulsa con herramientas concretas, con recursos que nos ayudan a plantearnos preguntas y respuestas para afrontar los desafíos de la situación actual.

herramientas beethikEs por ello que en los próximos meses os iremos proponiendo reflexiones, herramientas y referencias para dar respuesta a estas preguntas que nos plantea el momento actual. Sigue leyendo