Conexiones beethik: generaciones futuras

Ésta es una conexión muy especial. Es nuestra conexión beethik, como adultos, con todas las personas que aún no lo son, pero que lo serán en el futuro.

Hace casi cuatro años, el 25 de septiembre de 2015, en París alguien escribía:
«Todavía no lo sabes, pero cada uno de estos objetivos se refiere realmente a ti. A ti y al mundo en el que vas a crecer, pero también al mundo que algún día vas a dejar a tus propios hijos«. Era Anthony Lake, el director ejecutivo de UNICEF.

Sí, se refería a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, 17 objetivos que nos interpelan a todos y que marcan la agenda mundial para conseguir en 2030 una sociedad más auténtica, humana y sostenible.Como muestra de nuestro compromiso, hemos escrito este artículo dirigido a nuestras empresas y organizaciones en el que planteamos algunas de nuestras reflexiones y propuestas para contribuir a los ODS, como por ejemplo:

«El verdadero desafío de los ODS no está en nuestros discursos,…, ni en nuestros informes de reporting; el auténtico desafío radica en …realizar, de forma decidida y valiente, una profunda transformación en nuestras maneras de hacer las cosas, para construir una cultura empresarial [radicalmente] responsable, como garantía esencial de que estamos siendo coherente entre “lo que decimos” y “lo que hacemos” para contribuir a la agenda 2030«.

Puedes leer aquí el artículo, publicado en Diario Responsable: https://diarioresponsable.com/opinion/27659-y-si-integramos-de-verdad-los-ods-en-nuestros-sistemas-de-gestion 

Conexiones beethik: entrevista a Clara Peya

Clara PeyaPianista y compositora. Premio Nacional de Cultura 2019. Creadora – junto con Ariadna Peya – de la compañía Les impuxibles.

www.clarapeya.com

 

1. En beethik hablamos de la ética de la responsabilidad radical: aquel compromiso de las personas y las organizaciones para recuperar la esencia, nuestras raíces, para transformar la sociedad. ¿Qué te sugiere ti este concepto?

La ética de la responsabilidad radical a mí me resuena muchísimo. Para mí el compromiso o la responsabilidad radical es ser consciente de mis privilegios: de quién soy y de dónde vengo. Ser consciente que yo me puedo dedicar a hacer lo que hago porque he tenido una estructura familiar muy firme, porque me han pagado clases particulares de piano, un piano en casa; porque me he pasado horas tocando porque no tenía que cuidar a los abuelos o cuidar a nadie ni llevar dinero a casa.

Por lo tanto, para mí la ética de la responsabilidad radical es esto: ser responsable de quién eres y cómo has llegado hasta allí y hacer uso de tus privilegios con un compromiso.

2. En diferentes ocasiones has defendido la cultura hecha «desde el corazón, desde la verdad, desde el deseo, como una necesidad», destacando que «cada persona es responsable de pensar qué puede aportar para que el mundo sea mejor». Cómo se traduce esta responsabilidad en tus creaciones?

Más que el arte hecho desde el corazón o expresiones similares me gusta más el concepto de arte honesto: hacer las cosas honestamente, desde la verdad. Este es el tipo de arte que a mí me interesa. Porque muchas veces lo que pasa, y en Cataluña es así, es que por ejemplo el teatro está hecho de hombres blancos, para hombres blancos, heterosexuales de clase media. Sucede que el teatro no representa a todo el mundo y la música tampoco nos representa a todas. En los escenarios siempre vemos más hombres que mujeres y vemos gente muy poco diversa. Y por todo ello, para mí es muy importante la honestidad.

3. En una entrevista que te hizo el Diario Ara hace unos meses decías: «¿a quién le sirve que toque muy bien el piano? A nadie. En cambio, ¿a quién le sirve que le plante una semillita dentro? A todo el mundo». ¿Cómo se refleja esta voluntad de «plantar una semillita» a lo largo de los ocho álbumes que has publicado?

Estas declaraciones pueden sonar muy pretenciosas y no era mi intención. Lo que quería decir es que hay una dimensión mucho más personal relacionada con el placer de tocar bien o no el piano. Pero eso no le importa a la gente. Lo que es de verdad importante es generar espacios de reflexión y pensamiento crítico. «Plantar la semillita» lo decía con esa intención, de generar pensamiento crítico, porque yo no tengo respuestas de nada.

Esto es algo que no he hecho a lo largo de toda mi carrera, sino que me lo he ido encontrando. Yo empecé haciendo canciones y trabajando tocando el piano, que era mi deseo, pero me he ido haciendo consciente, a raíz de las cosas que me han ido pasando, de mis privilegios, de cómo utilizarlos y de cuál era la manera más transformadora de utilizar el arte. Y de hecho ahora ya es la única que entiendo.

4. Recientemente ha recibido el Premio Nacional de Cultura 2019. Tras este reconocimiento has dicho que «los reconocimientos pueden ser un altavoz … y el altavoz debe servir para visibilizar el compromiso, saber que el arte es la herramienta de revolución más potente que tenemos y ser conscientes». Desde esta visión, ¿cómo crees que se debe concretar el papel del arte y la cultura en esta transformación social?

El compromiso se debe tomar desde todas las áreas, porque una cosa es que la creadora asuma un compromiso y otra cosa es que la programadora asuma compromisos. Las programadoras de las salas tienen la responsabilidad de dar voz a todas, de dar voz a todas las realidades y todas las personas.

La historia está escrita por todas las voces diversas: por las mujeres, las personas con diversidades … y lo que ahora está pasando es que esto no es así. La cultura no nos representa a todas y creo que el deber de la programadora, de la creadora, de todas, es ceder espacios y dar voces. Esta sería una muy buena manera de transformación social.

5. Con Ariadna Peya creasteis la compañía Las Impuxibles, en la que trabajáis desde la mezcla de lenguajes, apostando por la cooperación y las alianzas entre creadores y universos para descubrir nuevas formas de creación y poder llevar más allá vuestro trabajo. ¿Qué significa «ir más allá» y por qué desde esta manera de trabajar?

Ir más allá para mí significa seguir avanzando, seguir aprendiendo, seguir cuestionándose cosas. Como decía antes, yo no tengo ningún tipo de respuesta. Y las respuestas, además, son móviles, se van moviendo a lo largo del tiempo.

Nosotras cuando decidimos coger un tema, el proceso que es más interesante con Las Impuxibles es que para hablar de ese tema queremos conocerlo a fondo. Por lo tanto, el aprendizaje que hacemos a nivel artístico es paralelo al que hacemos a nivel político-social. Porque una cosa es cómo plasmamos las cosas en el escenario o la mezcla de lenguajes, qué enganches escénicos utilizamos, y la otra, que todavía me parece mucho más interesante, es qué aprendemos con todo este proceso.

Nuestros aprendizajes siempre tienen que ver con los dejos de opresión, con entender mucho mejor quiénes somos, de dónde venimos, de qué podemos hablar y de qué no, a quién debemos escuchar y los espacios que tenemos que ceder.

Las temáticas que utilizamos siempre tienen que ver con esto: desde la perspectiva de género o la transexualidad vista no desde el código binario sino entendiendo el género como una línea horizontal, la violencia sexual con una mirada absolutamente feminista y la libertad de expresión o el estigma en salud mental.

6. ¿Podrías resumir, en tres palabras, cuál debe ser el papel de la cultura en la construcción de una sociedad más auténtica, humana y sostenible?

Honesta, comprometida y feminista.

 

 

Conexiones beethik: entrevista a Anna Fornés

Anna FornésDirectora de la Fundación Factor Humà

1. ¿Qué te sugiere el concepto de ética de la responsabilidad radical?

La ética de la responsabilidad radical me lleva a pensar en la relevancia de conocerse y trabajarse a uno mismo. Creo que esto ayuda a enfrentarse de forma adecuada a todo lo que nos va pasando en la vida. Estamos en un mundo donde, según cuál sea tu actitud, es fácil dejarse llevar por lo negativo. De cada uno depende. Hay que ser coherente y no dejarse influir tanto por las voces escépticas.

2. El «Barómetro del Factor Humano» es una iniciativa pionera de la Fundación que ofrece una herramienta para que las empresas y organizaciones pongan, de verdad, a las personas en el centro y no sean concebidas como un simple recurso. ¿Cuáles son las principales implicaciones que tiene desarrollar este compromiso?

El Barómetro del Factor Humano es una herramienta digital de autoanálisis diseñada para saber cómo nos encontramos con relación a una serie de principios que ayudan a la mejora organizativa. Contiene objetivos, evidencias e indicadores para ver el propio estado y poderse comparar con otros, y orienta en aspectos diversos, muchos de ellos relacionados con la Responsabilidad Social y con tener en cuenta a las personas: ética y buen gobierno, igualdad y diversidad, transparencia y participación …

Para las áreas organizativas de Recursos Humanos y de Responsabilidad Social siempre ha sido complicado acercarse al lenguaje analítico, basado en datos, más propio de otras funciones organizativas como Finanzas. Buscar maneras de dar la relevancia que merece y de hacer tangible el impacto de poner a las personas en el centro de las decisiones, ha sido precisamente uno de los motivos que ha llevado a la Fundación que dirijo a lanzar el Barómetro.

3. Desde tu experiencia en la dirección de la Fundación Factor Humà, qué papel debe jugar la gestión de personas en el fortalecimiento de la cultura ética de las organizaciones, sobre todo, en los tiempos actuales donde cada vez más organizaciones están viendo que la cultura es un activo muy poderoso para fortalecer el compromiso, la confianza y la reputación de una organización?

Esta pregunta me hace pensar en el concepto del propósito de la organización y de dar sentido al trabajo que realizan todas las personas que forman parte. Disponer de una misión organizativa con sentido y decidida de la manera más consensuada posible, tiene un potencial enorme en términos de mejora del compromiso, de la confianza o de la reputación de una empresa.

Recursos Humanos debe ser una correa de transmisión fundamental de una cultura más elevada, basada en propósitos éticos que tengan en cuenta ámbitos más allá del negocio. Y, sólo para empezar, gestión de personas debe influir en el liderazgo promoviendo un desarrollo directivo que tenga en la cultura ética uno de sus pilares fundamentales. Creo que esta es una de las maneras más eficaces de conseguir que el mensaje se transmita después en cascada por toda la organización.

Y, hablando de confianza, me permito añadir que en el marco del acto de entrega de los Premios Factor Humà que tendrán lugar el próximo 4 de junio, abordaremos el concepto porque creemos que confiar en las personas cambia la perspectiva y es un elemento indispensable para alcanzar la transformación organizativa tan necesaria hoy en día.

4. Entre los años 2014 y 2017 la Fundación Factor Humà impulsó, en colaboración con la Obra Social «la Caixa», tres ciclos de ética aplicada a las organizaciones. En esta experiencia participaron cerca de 25 empresas y entidades. ¿Qué valoración haces de esta experiencia?

Este proyecto consistió en unos ciclos anuales de diálogos entre personas expertas en ética aplicada, procedentes del mundo académico, y personas del mundo empresarial. Nació con la idea de influir en nuestro entorno para promover organizaciones éticas, que para nosotros significa construir organizaciones más justas, más equitativas y más responsables.

Trabajar de la mano de una organización tan importante como la Obra Social «la Caixa», nos facilitó poder contar con colaboraciones de lujo: Victoria Camps, Ángel Gabilondo, Ángel Castiñeira … Además, tuvimos la gran suerte de que Begoña Roman, doctora en Filosofía y profesora de ética en la Universidad de Barcelona, ​​quisiera acompañarnos a partir del 2º año del proyecto, cuando iniciamos también la parte práctica para profundizar en la aplicabilidad de la ética. Con ella y un equipo técnico de expertos formado por José Antonio Lavado y Anna Bolaños, reflexionamos y trabajamos hasta conseguir una serie de herramientas que ayudan a la organización a medir cuál es su comportamiento ético y orientarla hacia la mejora: la Parrilla de acciones e indicadores para la gestión ética.

Posteriormente, y estamos especialmente, orgullosos, hemos podido constatar que diferentes organizaciones, como Suara Cooperativa, la Generalitat de Cataluña o Ferrocarrils de la Generalitat, han impulsado medidas de gestión ética en parte gracias a las aportaciones de aquellos ciclos.

5. Muchas empresas ya tienen marcos éticos de referencia (códigos éticos o de conducta, principios de actuación, …), pero ¿cómo pueden asegurar que estas declaraciones de principios realmente se están «bajando» al día a día?

Más allá de cualquier código ético o certificación, a mí me gusta hablar del acrónimo RSE como «Responsabilidad Social Estratégica»: hay que integrar la responsabilidad social dentro de la orientación estratégica y la misión de las organizaciones con una implicación decidida de la alta dirección, como mencionaba antes al hablar de la cultura. De este modo la responsabilidad social dejaría de verse tanto desde el prisma de su impacto filantrópico o comunicativo y pasaría a ser una ventaja competitiva y un elemento central que orientaría la toma de decisiones.

Desde mi punto de vista, este cambio de paradigma en la RSE podría ayudar en múltiples ámbitos del día a día: a discriminar qué sectores y actividades no son deseables y no deben entrar a formar parte de la cartera de negocios de una organización; a aconsejar las inversiones en nuevos sectores atractivos tanto desde un punto de vista de negocio como de impacto social; a la eficiencia en el uso de recursos (reciclaje, uso de energías renovables); a diferenciarse de la competencia en las características de los productos y servicios …

Los clientes e inversores cada vez tienen más presentes factores de responsabilidad social en sus decisiones y penalizan las prácticas poco éticas e irresponsables.

6. ¿Cuáles son los principales retos de la dirección de personas en el contexto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, es decir, en este proceso de transformación orientado a conseguir unas organizaciones y una sociedad más auténtica y más conectada con su entorno y con sus raíces más humanas?

De los ODS creo que hay tres que deberían ocupar y preocupar a quien ejerce responsabilidades en las áreas de Personas:

  • Trabajo decente y crecimiento económico: más de 2,6 millones de trabajadores están en situación de pobreza en España, según acaba de alertar la Red Europea contra la Pobreza y la Exclusión Social. Tener trabajo parece estar dejando de ser sinónimo de tener unas mínimas necesidades cubiertas y nuevas tendencias, como la famosa «uberización» de las relaciones laborales, no parece que vengan a contribuir a la mejora de la situación.
  • Salud y bienestar: cuando una empresa crea una estrategia de bienestar, se necesita mucho más que un plan de beneficios sociales o un gimnasio corporativo. Varios estudios destacan que los trabajadores que están prosperando en todas las dimensiones del bienestar pierden menos días de trabajo, tienen mayor satisfacción de los clientes, resuelven problemas con más facilidad y se adaptan mejor a los cambios. Y aquí no puedo evitar mencionar la relevancia que también tiene la salud mental de los trabajadores y cómo las organizaciones deberían tomar conciencia del papel que pueden jugar ante los problemas emocionales que sufren sus colaboradores, independientemente de si su origen está en el trabajo o no.
  • Igualdad de género: acabamos de pasar un 8 de marzo de nuevo histórico, pero en el ámbito empresarial vemos que las cosas no acaban de avanzar como sería deseable. En primer lugar hay que romper el famoso techo de cristal y acabar de una vez por todas con mitos como la supuesta incompatibilidad entre la maternidad y alcanzar posiciones directivas. Y desde las áreas de Personas se puede incidir de múltiples maneras, por ejemplo, estableciendo sistemas de promoción, objetivos y programas de detección de talento interno que compensen el sesgo de género, acabando con la cultura de la presencialidad o favoreciendo equipos de trabajo mixtos que eviten áreas específicamente de mujeres (Recursos Humanos, Marketing) y áreas de hombres (Producción, Logística).

7. Por último, en tres palabras, ¿qué significa para ti incorporar la ética en la toma de decisiones?

En un momento en que la capacidad de adaptarse es clave para la supervivencia de las organizaciones, la ética es cuidar a las personas, acompañándolas en su necesaria transformación.