Conexiones beethik: entrevista a Antonio Vives

Antonio Vives

Socio principal de Cumpetere. Exprofesor adjunto en Stanford University y exprofesor en el MBA de otras cuatro escuelas en Estados Unidos y América Latina. Exmiembro de los Consejos Asesores de Sostenibilidad de CEMEX y Abengoa. Exgerente de Desarrollo Sostenible del Banco Interamericano de Desarrollo. Ph.D en Finanzas de empresas y mercados de capitales de Carnegie Mellon University. Autor de centenares de artículos y de diez libros sobre RSE.


1. ¿Qué te sugiere el concepto de ética de la responsabilidad radical?

La ética es la base de la responsabilidad empresarial, sin ella, en su totalidad, no se puede hablar de responsabilidad.  Responsabilidad también debe entenderse como un todo, pero su ejercicio está condicionado por el entorno y el momento en que se ejerce.  Ojalá fuera radical para que no se admitieran grises o huecos, pero en la práctica se puede tener que matizar.  La ética no admite matices.


2. ¿Nos explicas el término “cumpetere”? ¿Se puede realmente competir cooperando en el modelo económico, político y social actual? ¿O hay que cambiar primero las reglas del juego?

Cumpetere del latín es “cooperar para competir”, un término básico en la Doctrina Social de la Iglesia.  No solo se debe competir cooperando en el modelo actual, sino que es imperativo hacerlo para lograr la transición a un modelo más justo y sostenible para la sociedad. 

La cooperación para competir se debe lograr con todos los actores. Entre empresas y organizaciones de la sociedad civil y entre ambas y los gobiernos para aprovechar las ventajas comparativas que cada uno trae a la cooperación. Unos son porteros y otros delanteros, o mediocampistas.  Es un caso claro de sinergia.  Y aun a nivel de empresas, dentro de una misma industria o grupo, esa cooperación puede mejorar la competitividad del conjunto al contribuir a una sociedad con mayor desarrollo, creando alianzas para establecer reglas de juego claras y conducentes, en temas como: cambio climático, condiciones laborales, transparencia, corrupción, etc. Si bien lo pueden hacer solos, la cooperación conduce a un nivel superior de efectividad y eficiencia.   

Claro está que esto no es sencillo, se requiere una visión de conjunto y de largo plazo que, hoy por hoy, es tan escasa como el sentido común, y la comprensión de que estamos en el mismo barco, en una tormenta económica, política y social.  O cooperamos o nos hundimos….. o nos meten gol.


3. ¿La RSE está realmente cambiando – o contribuyendo a cambiar- el modelo económico o solo se ha incorporado como un coste más de hacer negocios?

Lamentablemente, la conceptualización del papel de la empresa en la sociedad, de asumir la responsabilidad por sus impactos pasados, presentes y futuros que ha tenido, tiene y quiere tener, es algo que todavía no está muy extendido. Pero la dirección es clara. Cada vez son más las empresas que se dan cuenta que no pueden continuar consumiendo los recursos naturales, físicos y humanos sin conservarlos y desarrollarlos. 

Pero el progreso es muy desigual.  Hay grandes empresas que entienden bien ese papel (con el poder vienen responsabilidades) y hay pymes que lo entienden por una conciencia innata, de cercanía con su entorno, de su pertenencia e identificación con sus stakeholders. Cada uno lo entiende a su manera. 

Sin duda que ser responsable no es gratis, suele tener costos tangibles en el corto plazo y beneficios tangibles, pero muchos son intangibles, en el largo plazo. Hace falta ser un dirigente ilustrado para poder hacer el costo beneficio adecuadamente. Y no todo es económico, siempre quedará el argumento moral, de la responsabilidad personal de la empresa (la empresa es una persona ….¡jurídica!) por razones morales, de justicia y de cultura.  Y este es un gran problema de la sociedad moderna, quererlo analizar todo con criterio economicista, ignorando el valor de lo no cuantificable, en especial el capital más importante, el humano. El mantra de la gestión moderna de que “solo lo que se mide se puede gestionar” es el mayor enemigo del desarrollo económico y social.  «No todo lo que cuenta se puede contar, ni todo lo que se puede contar cuenta” (popularmente atribuido, pero no demostrado, a Einstein).


4. Has escrito mucho sobre el greenwashing y el mal uso que hacen algunas empresas de la responsabilidad social y la sostenibilidad. ¿Qué tendría que cambiar para erradicar el uso cosmético que, en ocasiones, se hace de ellas?

Precisamente por lo dicho anteriormente, hay muchos “vivos” que se quieren aprovechar de los “beneficios” sin incurrir en los “costos”, para lo cual alardean de sus contribuciones a la sociedad y el medio ambiente haciendo poco o nada positivo por ello.  Abusan de la credulidad e ignorancia de una gran parte de esa sociedad, que no se entera, o que enterándose no le preocupa, o no tiene la capacidad de hacer algo, o está agobiada por los medios de comunicación descontrolados. La solución en el corto plazo es la denuncia pública de estos comportamientos. Hace unos años solo se mencionaba la palabra greenwashing en publicaciones especializadas, hoy ya aparece frecuentemente en medios de comunicación generales. Y en el largo plazo pasa por la diseminación de información sobre las actividades de las empresas y la educación de la sociedad sobre sus impactos.

Y ahora que se está comenzando a delatar el greenwashing, muchas empresas recurren a una forma mucho más sutil, que es el aprovechamiento de la incapacidad de las partes afectadas de procesar mucha información.  Es el efecto aureola, que extiende en la mente de la persona una buena acción en alguna actividad a los demás comportamientos de la empresa (sobre los cuales la persona sabe poco o nada). Si hacemos algo bueno en medio ambiente o en filantropía el público extrapolará a que todo lo hace la empresa es bueno, que la empresa es “buena”. Greenwashing estilizado.


5. Los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) se han erigido como la principal referencia global para visualizar un modelo común de desarrollo futuro, pero ¿cómo lo están abordando las empresas? ¿Está generando cambios realmente?

Los ODS se han convertido en un instrumento muy útil para establecer un marco de referencia para la contribución de las empresas al desarrollo sostenible, pero también lo ha sido para guiar el greenwashing. La “industria de los ODS” (ONU, Pacto Mundial, consultores, medios, productores de estudios, de reportes de sostenibilidad, etc.) promueven la contribución de las empresas a los ODS, pero esta presión, si bien ha conducido al conocimiento de la problemática y a algunas actuaciones legítimas, en gran parte lo que ha hecho es estimular a las empresa a imputar todo tipo de actividades, que son parte de su acción cotidiana, como si fueran una contribución nueva a los ODS y a distraer la atención sobre las actividades específicas a las que pueden contribuir.

Cuando se reporten esas contribuciones se debería demostrar que son incrementales, nuevas en el período de reporte, como consecuencia de la adopción de los ODS, que tienen impacto tangible, que producen cambio, que son significativas, no triviales, que son sostenibles en el tiempo, que no son algo circunstancial. Donar la comida sobrante de la cafetería no es una contribución a la reducción de la pobreza, donar computadores usados no es contribuir a la educación, promocionar una mujer a un cargo directivo no es una contribución a la reducción de la desigualdad. Cambiar el contenido de los alimentos para sean más nutritivos sí lo es, desarrollar nuevas tecnologías para el acceso a la educación sí lo es, reducir la brecha salarial en toda la empresa sí lo es.  Se debe mover de la declaración grandilocuente a la acción que produce cambio tangible para bien.

Y hay un tema que es ignorado en el ansia por reportar contribuciones a los ODS por parte de las empresas y es que ni la industria de los ODS que los estimula, ni las empresas, tienen interés alguno en reportar las contribuciones negativas que hacen.  Reportarán que ahorraron centenares de miles de toneladas de emisiones, que plantaron miles de árboles, pero no destacarán los millones de toneladas que emiten. Destacarán que contribuyeron al mantenimiento de una cuenca hidráulica, pero no destacarán que agotan los acuíferos. Destacarán que tienen programas de desarrollo profesional, algunos dirigidos a las mujeres, pero no destacarán la brecha de género o que los sueldos no son dignos para algunos trabajadores. Destacarán que en la crisis contribuyeron al transporte de alimentos, pero no destacarán que despidieron a miles de empleados. No todas las contribuciones de las empresas a los ODS son positivas, pero solo estas se reportan.


6. Recientemente publicaste un artículo titulado: “De la Responsabilidad Social a la Sostenibilidad, a la ASG: Lo bueno, lo malo y lo feo”. ¿Qué está pasando con tanto cambio en la denominación de la responsabilidad de las empresas? ¿Hay intereses que pueden estar marcando los cambios? ¿Hacia dónde vamos?

La RSE sufre de exceso de atención. Todos la quieren para ellos, pero a su manera. Se ha desarrollado una extensa industria alrededor de la RSE (instituciones en la recopilación, agregación y distribución de información básica, productoras de estándares de reporte, empresas calificadoras, consultoras en producción de informes, consultoras en agregación de información, consultoras en el uso de la información y medios de difusión, instituciones que producen premios y distintivos, entre otras instituciones) que la ven como una oportunidad de hacer dinero, que quieren sacarle provecho.

Lamentablemente, una estrategia comercial para ello es la diferenciación, para lo cuál cada miembro de esa industria tiene interés en ofrecer un producto diferenciado, lo que ha llevado a la proliferación de nombres y conceptualizaciones, en gran parte facilitado por la falta de un consenso sobre lo que ello representa y por los abusos a los que es sometida (greenwashing). Los consultores tienen interés en ofrecer un concepto diferente (¿alguien se acuerda del concepto “superior” de la “creación de valor compartido”? en realidad un concepto inferior, parcial). Tengo una colección de unos cuarenta nombres diferentes para referirse a la “responsabilidad de la empresa ante la sociedad”.

Y las instituciones de los mercados financieros también quieren aprovechar el creciente interés en la responsabilidad empresarial para diseñar y comercializar productos que supuestamente contribuyen a la sostenibilidad, cuando, en realidad, si lo hacen es muy marginal. Si una empresa hace algo bueno en medio ambiente las instituciones de ese mercado la califican como A, o sea, como ambientalmente responsable, aunque sea en una pequeña parte y tengan otras contribuciones negativas más significativas. Y por extrapolación le dan el calificativo completo de A y S y G, como si fuera totalmente responsable en todo.  Se califica como inversión responsable, con algo de A, negativo en S y algo de G. No hay ni siquiera lineamientos para la calificación de un mínimo de responsabilidad para poder optar a la etiqueta. A los que cobran tarifas por la calificación y a los que cobran comisiones por vender valores en eso mercado no les interesa el impacto, la contribución, el rigor. Hay una colusión implícita en aumentar el tamaño de ese mercado. Son pocos los inversionistas, reguladores y gestores en ese mercado que se preocupan de sincerarlo, aunque sí hay in interés creciente en hacerlo, sobre todo en la Comisión Europea.


7. Con la aparición de la ley 11/2018 de información no financiera en España a finales de 2018, se han multiplicado las empresas que hacen análisis de materialidad -como requisito de la ley para que las partes que tienen intereses legítimos en la actividad de la empresa puedan disponer de la información que necesitan-. En esta ocasión también has hecho públicas tus reflexiones y hablas de la “materialidad de ida y de vuelta” de “materialidad para el reporte y materialidad para la estrategia” ¿Qué quieres transmitir en esencia con ello?

Para poder gestionar sus impactos, como mencionábamos arriba, la empresa debe identificar las partes que son afectadas por sus actuaciones y las que quiere afectar en un futuro (p.e. puede tener interés en mejorar la capacitación de la mano de obra que eventualmente pueda necesitar en el futuro) y el impacto que sobre ellas tiene, ya sea para mitigar los negativos o potenciar los positivos. Esta identificación de partes afectadas e impactos son los que llamamos aspectos materiales de ida, también llamados de impacto. Pero a la empresa también le interesa el impacto que tienen o pueden tener los afectados sobre sus actividades. Esos impactos y actividades son los aspectos materiales de vuelta, también llamados financieros.

Estas dos “materialidades” son de interés para diferentes públicos.  Al público inversionista le interesa el impacto financiero de las reacciones de las partes afectadas y, para ello, se han desarrollado esquemas de reporte a través de un conjunto de indicadores, por ejemplo, los desarrollados por el Sustainability Accounting Standards Board.  A las partes afectadas les interesan los impactos de ida y son la base de los esquemas más tradicionales de reporte como los del Global Reporting Initiative, GRI.  Estos aspectos materiales de ida y de vuelta son los que normalmente se reportan en los informes de sostenibilidad, representados por la llamada matriz de materialidad.  Y son la base para la determinación de la estrategia de responsabilidad de la empresa, a la que interesa gestionar ambos impactos, ida y  vuelta, la doble materialidad.

La Ley 11/2018, basada en la actual Directiva de la Comisión Europea pide el reporte con la orientación de la materialidad de ida, cómo son afectados los afectados. Pero en función del interés de la Comisión en incentivar el papel de las empresas en el desarrollo económico, y el interés de los mismos mercados financieros, la Comisión adopta una visión holística y está desarrollando unos estándares de reporte que se basarán en la doble materialidad.

Tradicionalmente a la empresa le bastaría con esta conceptualización, pero a medida que la sociedad avanza y aumentan sus expectativas sobre el papel de las empresas y estas entienden mejor ese papel, esta conceptualización se expande y se enfoca para mejorar su efectividad.  Se amplían con los impactos que quiera tener para atender esas expectativas de la sociedad o las suyas propias, y se reducen en aquellos, que en principio afectan a las partes, pero a los que estas o no reaccionan, o no pueden reaccionar, o son indiferentes.  Esto resulta en la doble materialidad para la estrategia.


8. La pandemia de la Covid-19 está teniendo un impacto enorme en nuestras vidas y en las empresas. Y parece que uno de los efectos es la aceptación de normas y protocolos sin cuestionamiento, quizás de manera gregaria en algunos casos, afectando al pensamiento crítico, que es una de las bases de la ética y del progreso humano y social… ¿Cuáles son los principales riesgos que se nos plantean en este sentido?

Efectivamente, la pandemia ha demostrado la ignorancia que la sociedad tiene, en este caso, sobre los aspectos de salud. Ello ha llevado a tener que confiar en alguien, sin tiempo ni recursos para saber si están en lo cierto, casi una aceptación ciega. En este período, ha aumentado la confianza de la sociedad en los científicos y disminuido la confianza en los gobiernos. También ha aumentado en las empresas, en parte como respuesta a que algunas fueron capaces de reaccionar y mitigar impactos negativos de la pandemia y potenciar algunos positivos.

No es tanto que la pandemia haya afectado al pensamiento crítico.  Este pensamiento es muy poco prevaleciente en los países de habla hispana, y ello es el resultado, en buena parte, de lustros de una educación basada en la memorización y no en el espíritu crítico, positivo, que se necesita para fomentar el progreso. Y la crispación política ha aumentado el espíritu crítico negativo y la desconfianza entre miembros de sociedad, llevando a un “parroquialismo”. Sí, en la pandemia hubo un aumento de la solidaridad, pero entre los “nuestros”: empleados, amigos, familia, conocidos.

Fue precisamente la cooperación para competir entre los científicos que desarrollaban las vacunas y el intercambio de información sobre las investigaciones, sobre las pruebas clínicas y sobre los efectos de la pandemia y las vacunas la que condujo a un éxito sin precedentes en su desarrollo. Pero este resultado puede ser un caso aislado.

Y los grandes riesgos de esto son el populismo y la caída de la cooperación para identificar y resolver problemas comunes. Cada uno por su cuenta.


9. Por último, en tres palabras, ¿qué significa para ti incorporar la ética en la toma de decisiones?

Anticipar el impacto que pueden tener sobre los afectados y actuar en consecuencia (¡responsablemente!).

Conexiones beethik: entrevista a Mar Gaya

Es psicóloga, máster en dirección y gestión de recursos humanos por el EAE-UPC y técnica superior en implantación de planes de igualdad en la empresa.

En el ámbito empresarial ha ocupado cargos de dirección en esta área. Desde hace 16 años ejerce como consultora independiente colaborando en las distintas áreas de actividad de la gestión de personas.

Fundadora de la consultoría Igualando.

Miembro de la Comisión consultiva de la Fundació Factor Hu.

Miembro del Consejo de consejeras del Observatori Dona, Empresa i Economia de la Cambra de Comerç de Barcelona.

Vicepresidenta de la Asociación 50a50 liderazgo compartido.


1. ¿Qué te sugiere el concepto de ética de la responsabilidad radical, especialmente en estos momentos tan inciertos que estamos viviendo?

Son tres palabras muy grandes, que cuando las lees en conjunto, te sobrepasan. Pero si me paro a pensar, lo que me sugiere es coherencia. Porque la responsabilidad no puede ser si no es radical. Y la ética para mí no tiene grises, o es o no es; por tanto, también es radical. Por eso entiendo que la ética parte de esta responsabilidad radical.


2. ¿Podríamos decir que «vivimos en un mundo de hombres sostenido por las mujeres»? ¿Estás de acuerdo con esta afirmación?

Katrine Marçal, en su libro “Quién le hacía la cena a Adam Smith” nos hace reflexionar sobre qué quiere decir sostener y sobre quién sostiene la vida en la sociedad. Y la conclusión es que el sostenimiento de la vida pasa por el cuidado y quien cuida son las mujeres.

Vivimos en un mundo en el que los hombres ocupan los espacios públicos y de poder, pero que es sostenido por mujeres. Explicado de manera gráfica, hay un señor que sale al mercado laboral, pero cuando entra en su casa, alguien le hace la comida, le nutre, le lava la ropa… lo tiene todo a punto para que él pueda, de nuevo, salir al mercado laboral. El sistema económico solo visibiliza una parte de este circuito. La otra, la que ocupan aquellas que lo sostienen, es completamente invisibilizada y desprestigiada, no se le otorga valor.

Es verdad que hay cierta evolución, pero es muy lenta. Las mujeres se han incorporado al ámbito laboral y a la vida pública, pero no se ha producido, en paralelo, la incorporación del hombre al ámbito del cuidado. El movimiento ha sido de las mujeres, pero hace falta un movimiento de los hombres. Porque nosotras, las mujeres de nuestra generación, llevamos una vida muy diferente a la de nuestras madres y abuelas. Pero los hombres no, las diferencias son pocas. Y esto pasa por un cuestionamiento del mandato de género, tanto por parte de los hombres, como de las mujeres.

Además, para impulsar un cambio social real, tenemos que generar referentes, en este sentido los cambios legislativos que han aumentado el tiempo del permiso por nacimiento para los padres, ayudan. Desde que cambia la ley, estableciendo un reparto igual de las semanas de permiso y se le pasa a llamar permiso de cuidado del menor (porque el menor tiene derecho a ser cuidado), se produce un cambio de prisma. Las dos cuestiones juntas constituyen un mensaje social importante. Creo que provocará cambios, pero aún no hay datos.

En conclusión, las normas vienen a dar respuesta a necesidades existentes y son un acelerador, pero los cambios estructurales, dependen de todas y todos.


3. Como evidencian todos los estudios recientes, cuando llegan situaciones de crisis como la provocada por la pandemia la carga que supone para las mujeres tiene efectos directos en su salud emocional y mental. ¿Qué deberíamos hacer para avanzar, de verdad, hacia una estructuración de corresponsabilidad en nuestra sociedad?

Las tareas de cuidado siguen recayendo en las mujeres. Y los efectos de las crisis en la salud física y mental de las mujeres tienen su causa en una sobrecarga, por eso apuntar a la corresponsabilidad es imprescindible. Pero, también, introducir la perspectiva de género en todos los ámbitos, como la salud.

¿Cómo? Dotando de valor a esta perspectiva. El proceso de socialización ha llevado a que los hombres hacen cosas que la sociedad valora. Y a las mujeres nos han enseñado que las cosas se hacen por amor, a que se trabaja gratis por amor. Evidentemente, el cuidado es amor, pero solo se ha socializado en las mujeres.

¿Qué hacer para cambiarlo?

  1. Dotarlo de valor.
  2. Conseguir que los estereotipos de género sean cuestionados de manera generalizada por los hombres. Porque se vincula la igualdad a una cosa de mujeres, pero hasta que el otro 50% no lo asuma, seguiremos yendo a velocidades diferentes. Es un mal sistémico. Por ejemplo, tenemos más dificultades para entrar al mercado laboral, una brecha salarial (que se sitúa en un 22,2%), quien reduce la jornada para cuidar a las personas dependientes del núcleo familiar es la mujer, y es quien cobra menos. Las reducciones de jornada están relacionadas con la brecha, quien reduce es quien cobra menos. Y no podemos olvidar el techo de cristal, la escasa presencia de mujeres en puestos de responsabilidad.
  3. Así pues, trabajar en todos los ámbitos. No podemos olvidar que los trabajos ejercidos por mujeres son menos valorados. El ejemplo paradigmático es el de las trabajadoras del hogar, que ni siquiera están en el régimen general, porque, en el fondo, no se considera trabajo.  

En el mundo en que vivimos, nadie es libre si no gana su propio dinero y es independiente económicamente, nos guste o no. Y si las oportunidades que te ofrece el mercado laboral son inferiores, eres menos libre y no puedes tomar decisiones respecto a tu vida. Por eso, trabajar en la igualdad de oportunidades en el ámbito laboral es trabajar en que todas las personas puedan tomar sus propias decisiones.

Hay que empezar a crear la necesidad y a visibilizar. Porque puedes no tener identificada la necesidad debido a los privilegios que tienes como hombre, pero realmente esto lleva a que no hayas podido tener otros: poder tener una vida emocional rica, poderte mostrar vulnerable… Falta mucha pedagogía. La nueva masculinidad hace una llamada a la consciencia del beneficio y no la pérdida: “Vas a crecer como persona”.

Las empresas más pioneras están haciendo formación sobre masculinidades y el resultado es muy bueno. Pero solo lo hacen las que se atreven, que siempre son poquitas.


4. Fundaste Igualando, una firma de consultoría que trabaja por la igualdad de oportunidades de mujeres y hombres en el ámbito laboral. Y decís que su aspiración es «que llegue el día que dejemos de existir, porque mujeres y hombres disfrutan de las mismas oportunidades y nuestro trabajo ya no es necesario». ¿Este día queda lejos todavía? ¿Cuáles son los principales factores estructurales que deberíamos cambiar para hacerlo realidad?

El último dato del Banco Mundial antes de la pandemia nos decía que faltaban 100 años. Este año, tras la situación provocada por la Covid, esta estimación ha subido a 135 años, porque las crisis siempre impactan más en las mujeres. Hay que incorporar esta perspectiva en la recuperación de las crisis, en la última no se hizo y hay quien está sufriendo aún las consecuencias.

La desigualdad es estructural. Leer a autores como Rendueles me lleva a ver que una de las cosas más importantes es que tomemos consciencia de que nuestras organizaciones son desiguales. En mi opinión, no te preguntes si en tu empresa se generan situaciones de desigualdad, porque se generan. Lo que tienes que hacer es buscar dónde están y, a partir de ahí, incorporar cambios estructurales.

De entrada, esto puede provocar una actitud defensiva de las empresas, pero hay que superarla y provocar el cambio, acometiéndolo como una cuestión de inquietud intelectual orientada a la mejora: ver dónde tienes las desigualdades y eliminarlas. Esta actitud está llevando a que haya empresas que se planteen, por ejemplo, si su sistema de evaluación del desempeño tiene sesgo desde la perspectiva de género.


5. En 2017 la Generalitat de Catalunya publicó la “Guía práctica de diagnosis Igualdad de mujeres y hombres en empresas y organizaciones” de la que eres la autora. En esta guía se definen un conjunto de ámbitos que debemos analizar como organizaciones para poder orientar mejoras. Si tuvieras que seleccionar los ámbitos en los que habitualmente se encuentran más factores para la igualdad efectiva a nivel laboral, ¿cuáles serían? ¿Y en los que se encuentran más barreras?

Hay ámbitos que evolucionan claramente, como el acceso, los sistemas de selección. También gracias a palancas, como la nueva legislación que obliga a las empresas a medir su brecha salarial anualmente (Real Decreto 902/2020, de 13 de octubre, de igualdad retributiva entre mujeres y hombres). La brecha salarial es un síntoma, un reflejo de que algo está pasando. Y la norma supone una palanca porque te tienes que poner el termómetro por obligación legal, sin duda ayuda a visibilizar las causas (segregación vertical, horizontal, reducciones de jornada, temporalidad, parcialidad, entre otras).

Entre las barreras, destacaría que necesitas entender que tienes que tener un 50% de mujeres en puestos de responsabilidad, debe hacerse pedagogía sobre las cuotas, porque detrás de esto hay factores estructurales determinantes. No me parece casualidad que se llame “soft skills” a las competencias vinculadas al trabajo en equipo, al cuidado de los demás… más presentes en las mujeres y se les de menos valor. Establecer cuotas nos lleva a otros deberes pendientes, como la concepción de las competencias de liderazgo y la valoración de estas.

Chamorro-Premuzic habla de que, mientras las competencias de liderazgo se asocien a las competencias consideradas “hard”, las mujeres no llegarán a puestos de dirección.

Por eso es imprescindible que las mujeres estén en esos puestos, porque cuando preguntas a las empresas sobre la igualdad, la percepción de las mujeres es muy crítica y para los hombres, por el contrario, su visión es muy optimista. Los privilegios son invisibles para quien los disfruta, como dice Michael Kimmel, y en los consejos directivos, donde se toman las decisiones, no hay mujeres. Por eso las cuotas son imprescindibles para que la igualdad, y la diversidad que comporta, pase a ser una cuestión estratégica en las empresas.


6. Muchas empresas y organizaciones tienen formulados planes de igualdad pero que, como todos los planes y políticas, muchas veces quedan en el papel y no se aplican en el día a día. ¿Qué ocurre en las organizaciones para que, a pesar de tener definidos planes, no se esté avanzando hacia una igualdad efectiva? ¿O se está avanzando?

De nuevo tenemos, aquí, un cambio legislativo que servirá de palanca. Además del citado Real Decreto 902/2020, en 2021 ha entrado en vigor el Real Decreto 901/2020, de 13 de octubre, por el que se regulan los planes de igualdad y su registro y se modifica el Real Decreto 713/2010, de 28 de mayo, sobre registro y depósito de convenios y acuerdos colectivos de trabajo. Esta norma viene a concretar los ámbitos que tienen que abordar los planes de igualdad, su vigencia, entre otros aspectos y los ha elevado a rango de convenio colectivo, por lo que las empresas deben hacer ahora un trabajo mucho más riguroso y negociarlo con la representación social.

La legislación ayudará, era imprescindible y es una palanca, pero no suficiente. Para muchas empresas no existe esta necesidad, porque no la perciben, así que lo están haciendo “porque toca”. Esto tiene que cambiar.


7. Si pensamos en las generaciones que empiezan a andar y de las que dependerá el futuro, ¿qué prácticas esenciales deberíamos ayudar a que incorporen en su forma de hacer las cosas (a nivel familiar, laboral, social…)?

Muchas veces nos preguntamos qué tenemos que hacer con las nuevas generaciones y eso, desde mi punto de vista, es “chutar la pelota para adelante”. Mírate tú, cambia tus formas de hacer y a partir de ahí ya está, porque estarás siendo ejemplo.

Porque podemos decir muchas cosas, pero si las niñas y niños lo que ven es que su padre es quien gana más dinero fuera, que quien reduce su jornada y está en casa es su madre, que hay trabajos propios de mujeres y otros de hombres, etc. no estaremos cambiando nada. La única forma es educar con el ejemplo.

Por otra parte, en lo que refiere a las escuelas, hay una tesis doctoral muy interesante, de Ana López Navajas, sobre los referentes femeninos en los libros de texto actuales. Reflexionemos sobre cómo estamos educando:  ¿Cómo se explica la revolución francesa?, ¿Y la teoría de la evolución de Darwin cuando hace referencia a las mujeres? Os invito a investigar sobre esto porque estamos explicando tan solo una parte de la historia, por lo que negamos a las niñas y niños las herramientas para que se puedan cuestionar las cosas.

Tenemos que cambiar la estructura para que quepa todo el mundo, porque la estructura es masculina. La posibilidad de la diversidad nace de la libertad normativa, legislativa e individual. Y para conseguir esa libertad individual hay que, por un lado, sentirse legitimada y, por otro, poder acceder a ella, poder ejercerla.

Por último, reflexionemos sobre lo que llamamos meritocracia, ¿existe?… Seamos conscientes de que las personas no nacen teniendo las mismas oportunidades.

¿Se puede ser ético sin cuestionarte las cosas? ¿Puede una sociedad ser ética sin personas que se cuestionan las cosas? Yo creo que no.


8. Por último, si tuvieras que ilustrar, con tres palabras, qué significa para ti incorporar la ética en la toma de decisiones, ¿cuáles serían?

Antes de llegar a la síntesis, debemos hacernos algunas preguntas:

  • ¿Quién está tomando las decisiones? Quien está decidiendo, hoy, no representa a la sociedad en su conjunto.
  • Si quien toma las decisiones no representa a la totalidad de la sociedad, ¿puede ser justa esa decisión?
  • Si una decisión no es justa, ¿es ética?

Por eso es condición necesaria que quien toma las decisiones sea representativo de la sociedad. Así que es una condición necesaria la participación de las mujeres, que somos el 50% de la población. Las decisiones nunca serán éticas si se ignoran las necesidades y la visión de la mitad de la población.

Por todo ello, me quedo con las siguientes palabras:

  • Igualdad.
  • Perspectiva de género (desde la observación del impacto de las decisiones, cómo afectan a mujeres y hombres).
  • Y para todo ello es imprescindible la consciencia..