Conexiones beethik: entrevista a Mercedes Gutiérrez

Mercedes es la “Head of community social impact” a nivel mundial de KEA, para lo que se trasladó a Suecia en 2017.

Anteriormente, durante 10 años, había sido la responsable de sostenibilidad en Ikea España.


1. ¿Qué te sugiere el concepto de ética de la responsabilidad radical?

La ética me remite a lo que está bien y lo que está mal. Y esto suena fácil de decir, pero a veces, complejo de hacer.

Si nos vamos al nivel personal, todos tenemos unos valores, la gran mayoría positivos, y cuando aplicas tus valores como brújula a la hora de guiar tus pasos, evidentemente puedes cometer errores, pero si te guías por unos valores positivos encontrarás la forma de resolver dilemas.

Cada vez es más complicado saber lo que está bien y está mal, porque la tecnología avanza mucho, las circunstancias cambian, el conocimiento evoluciona y es necesario tener una brújula que nos ayude a enfrentar dilemas como organizaciones.

En IKEA por ejemplo la visión (Crear un mejor día a día para la vida de las personas) , la cultura y los valores se tienen en cuenta en todas las decisiones. La pandemia ha supuesto un “stress test” para muchas organizaciones, para comprobar hasta qué punto la visión y los valores se mantienen y aplican en un contexto de crisis. En una situación en la que el 80% de las tiendas se cerraron en algún momento, la visión y los valores se tradujeron en principios que se aplicarían a ayudarnos a tomar decisiones cuando no supiéramos todas las respuestas. Uno de ellos fue: “vamos a proteger al mayor número posible de empleados, proveedores y personas vulnerables en las comunidades en las que estamos presentes”.

Para mí la ética, que es muchas veces compleja, sobre todo en estos cambios sistémicos que estamos viviendo, hay que traducirla en comportamientos. Aunque tus valores se orienten a buscar siempre el mayor impacto positivo en las personas, a veces es complejo aplicarlos en situaciones a las que te enfrenta la realidad.

El mundo en el que vivimos te obliga a tomar decisiones radicales o a buscar colaboraciones radicales. Nadie puede ser experto en todo, y ante dilemas éticos nos tenemos que situar desde la humildad, asumiendo que te enfrentas a un dilema, y que aunque no sabes todas las respuestas, quizás puedas resolverlo con unos principios que te guían para buscar la mejor solución posible. En estos casos, hablar con expertos en los temas que te ocupan es clave.

La responsabilidad radical es crítica para poder seguir respetando los principios que te marcas como persona o como empresa.


2. “Sin cambios, no hay mariposas… Nuevos retos en mi vida. Me muevo con toda la familia a vivir a Suecia. ¡No tenemos miedo al frío!”. Hace casi 4 años que hacías esto públicamente, con motivo de tu nueva propuesta de trabajo. Desde una perspectiva ética y de valores ¿cuáles son los cambios más importantes que has encontrado entre la sociedad sueca y la nuestra? Y, en concreto, ¿en la manera de hacer negocios?

A nivel de sociedad, si pensamos en Suecia pensamos en calidad de vida, en la importancia de la familia, en la conciliación… pero estando aquí he aprendido a ver que en ningún país es todo perfecto. La principal diferencia con nosotros es que ellos no se fustigan, no se sacan los trapos sucios permanentemente; protegen la marca Suecia a un nivel que me parece admirable.. Viviendo fuera se valora mucho y creo que deberíamos estar muy orgullosos de cómo hacemos las cosas en España. .

La cuestión de la espontaneidad, la agilidad, la toma de riesgos, es más característico de España. En Suecia todo es más democrático, más sosegado, más pensado; menos emocional y más racional. La combinación de diferentes formas de gestionar siempre es un factor de éxito para las empresas. Por ejemplo, muchos españoles podemos estar más entrenados para navegar en la adversidad porque hemos sufrido ya varias crisis económicas.

Las cosas que destacaría como más importantes en Suecia son el cuidado de la familia, la conciliación y cómo se habla y gestiona el estrés, el burn out. Es una de las cosas que más me chocó, porque en las empresas se considera que la responsabilidad ante estas situaciones es compartida; no se deriva de una condición de debilidad, sino que se vincula con que manejamos situaciones complejas que tienen efecto sobre las personas. En España este es un tema pendiente de abordar.

En IKEA, esta cultura sueca se aborda desde la democratización, desde la búsqueda siempre de soluciones compartidas. Cuantas más personas que tengan algo que opinar sobre una cuestión hayan participado, mejor considerada es la decisión propuesta. Los procesos son más largos, pero la aceptación de las soluciones, más rápida. El networking supone a veces el 90% del éxito, tanto interno como externo, para complementar el conocimiento. En un marco de organizaciones líquidas, el trabajo colaborativo gana espacio. Hay que “romper los silos” entre departamentos.


3. «Head of community social impact»; así se denomina la posición desde la que desarrollas tu actividad para generar impacto social positivo en 30 países. ¡Uf! ¿Cómo se aborda semejante desafío? Y ¿Cuáles son los principales retos que tienes para conseguir gestionar esta diversidad?

Sostenibilidad incluye la dimensión medioambiental, económica y social. Y no sé por qué nos olvidamos muchas veces de la parte social. Algo es sostenible cuando es viable económicamente y contribuye al progreso económico, tiene el mínimo impacto ambiental y ayuda al progreso de las personas y de la sociedad.

Estamos en un momento de fervor ante el cambio climático y otras cuestiones vinculadas con la sostenibilidad. Pero ¿y la desigualdad? ¿y el trabajo decente? ¿dónde quedan? Eso también es sostenibilidad.

Cuando hace años empezamos a trabajar en esto hablábamos de RSC, luego quitamos la “S” porque hay quien ponía énfasis en la filantropía, luego se pasó a hablar de sostenibilidad… Pero en el fondo se trata de ser responsables con las personas, los clientes, la sociedad, el planeta…

Me da igual cómo se llame mi departamento, lo que me importa es lo que vamos a hacer.

Hay un camino por recorrer en la incorporación de la reducción de la desigualdad en la agenda de las empresas. Y no solo referente al respeto de los derechos humanos en la cadena de valor, o cuestiones de igualdad de género o diversidad, sino yendo más allá y utilizando las capacidades, fortalezas e influencia de las empresas. De la misma manera que ponemos en marcha acciones de innovación en relación con el cambio climático, ¿por qué no hacer el mismo abordaje ante la desigualdad? Es tiempo de contribuir a reducir la desigualdad a través del desarrollo e innovación de los modelos de negocio.

Cuando llegué aquí hace cuatro años me planteé el reto de probar que se puede hacer un business case vinculado a la reducción de la desigualdad. Pero no como un proyecto filantrópico que se podría hacer desde la fundación, sino utilizando el concepto de negocio, la operativa, la innovación, para generar un impacto positivo en personas y a la vez en la empresa.

En IKEA nos encantan los problemas. Tenemos una visión que apunta a mejorar el día a día para mejorar la vida de las personas y un propósito que dice que sabemos que cuando la gente tiene un mejor hogar, tiene  una mejor vida y puede influir en mejorar el planeta. Pero hay retos externos que hacen complicado para IKEA cumplir esa visión: el cambio climático, el consumo insostenible y la desigualdad.

Por eso nos hemos marcado un plan de acción para contribuir a que pasen cosas fuera para mejorar estas situaciones, porque afectan también al negocio. Como compañía nos hemos marcado tres grandes objetivo a largo plazo:

  1. Ser más asequibles para más personas, para personas que hoy no se pueden permitir comprar en Ikea (porque un mejor hogar crea una mejor vida).
  2. Ser más accesibles (que la gente pueda comprar dónde, cuándo y como quiera).
  3. Tener impacto positivo en las personas, la sociedad y el planeta.

Y estas tres dimensiones son de obligado cumplimiento para toda la empresa, nadie puede escapar. Podrás plantear cosas que apunten más al uno o al dos, pero tendrás que incorporar los tres, no es opcional. Es el marco perfecto para trabajar en la generación de impacto positivo.

Desde aquí, mi trabajo es generar esa hoja de ruta que nos permita plantear dónde queremos estar en 2030, desde donde estamos hoy y hacerlo de una forma muy centrada en el por qué y en el  cómo; el qué es muy local, depende de cada país. Aunque cada vez trabajamos más juntos en soluciones escalables en diferentes países.

En mi área he definido tres grandes misiones, muy ligadas con dónde está el negocio hoy y hacia dónde quiero que vaya mañana:

  1. Que más personas se puedan permitir acceder a mejores hogares, centrándonos en las personas que están en la parte baja de la pirámide en cada país y con riesgos de exclusión social.
  2. Generar caminos de empleabilidad a través de programas de capacitación profesional, emprendimiento social, nuevos empleos en economía circular…
  3. Contribuir junto con empleados, clientes, organizaciones locales en la creación de una sociedad más justa e inclusiva.

Estos tres grandes paraguas se concretan en herramientas, pero estas dependen de cómo cada país implementa la estrategia de acuerdo con la casuística, el contexto local, los partners locales.

Desde el área global lo que hacemos es definir los objetivos y los indicadores de impacto en materia de sostenibilidad, en base a los cuales reportará cada país, incorporando, también, otros indicadores propios. Un trabajo complejo, pero muy divertido, porque cada país innova de forma diferente. Y a partir de estas prácticas locales lo que hacemos es analizar qué soluciones se pueden escalar e implementar en otros entornos.

Siempre hay que ser muy humilde, asumir que no conocemos los retos sociales y las realidades locales. Por eso, en los grupos de trabajo que creamos para generar herramientas buscamos el equilibrio para contar con las visiones de las diferentes realidades. Se trata, así, de procurar ser diversos en los grupos de trabajo para lograr que las soluciones son válidas para el mayor número de países posible. Y la diversidad también se traduce en el trabajo interdepartamental y transversal, contando en los equipos con personas expertas en diferentes materias.

Por ejemplo, hemos desarrollado un proyecto en París que busca solución a cómo podemos integrar en la cadena de valor empresas sociales en last mile service, que lo que hace es acercar el servicio al cliente, a la vez que somos más accesibles y reducimos el impacto ambiental. Necesitamos personas y a la vez hay personas que no tienen empleo. Cuando empezamos el proyecto tenía tres patas: la de servicio al cliente, la de movilidad sostenible y la de impacto social. Tras un proceso de consulta y participación con empresas sociales hemos hecho un proyecto que se llama micro hub, que tiene diferentes módulos y en el que hemos testado el primero: un punto de recogida en el centro de París, liderado por una empresa social que genera empleo para personas sin hogar. Hemos demostrado que se genera una mayor empleabilidad formando a las personas en atención al cliente, la empresa social aumenta sus ingresos y capacidades, ofrecemos un mejor servicio para nuestros clientes  e impactamos positivamente en el crecimiento de IKEA.


4. Te incorporaste al ámbito de la responsabilidad social y la sostenibilidad hace ya casi 20 años. Desde entonces, las empresas y los gobiernos han hecho muchas cosas para avanzar en el camino de la sostenibilidad, pero a veces parece que se quedan en la superficie, que en el fondo los modelos de hacer negocios y de gobernanza no cambian. ¿Cuáles son las claves para impulsar una verdadera transformación?

Muchos de los cimientos de donde estamos hoy vienen de un trabajo que se hizo bien cuando se empezaba a hablar de estos temas. Quizás no siempre se impulsaron las iniciativas por un convencimiento profundo, pero fuera por la razón que fuera se hicieron cosas que ahora se han incorporado en el marco de la regulación. Temas como los códigos de conducta, el respecto a los derechos humanos… Son cuestiones que empezaron de una forma voluntaria y ahora es ley. Por lo tanto, hay que tener mucho respeto al pasado, porque la base está ahí. Hemos ayudado a minimizar riesgos en nuestras empresas.

Podemos hacer muchas cosas, pero tenemos que hacer lo que tenemos que hacer: dime a qué te dedicas, cuál es tu modelo de negocio, qué impactos generas y cómo puedes mejorar. Esto va de asumir responsabilidades de tu modelo de negocio, desarrollar e innovar hacia nuevos modelos más sostenibles.

Para ello hay que tener, medir y evaluar indicadores operacionales (corto plazo) y de impacto (largo plazo) que ayuden a los equipos de gestión a tomar decisiones hacía la correcta dirección. Por eso, las soluciones para integrar la sostenibilidad pasan porque cada persona que tenga que tomar una decisión pueda evaluar esa decisión: ¿esa decisión es mejor para el negocio? ¿es mejor para el planeta? ¿tiene un impacto positivo en la sociedad? Por ejemplo, medir el impacto en la huella de carbono y meterlo en la toma de decisiones es apasionante. ¿Cómo haces que en cada decisión que tomes alguien tenga que medir la huella de carbono? No es tan fácil de hacer.

Tenemos que dejar de hablar de que es un tema de sostenibilidad y pasar a hablar de que es un tema vinculado a la gestión, desarrollo, innovación o tal vez supervivencia del negocio, en algunos casos. Nosotros por ejemplo hemos identificado que el cambio climático es uno de los grandes riesgos de la compañía, podemos desaparecer.  Y así lo enfocamos y trabajamos.

Son cuestiones ligadas al modelo de negocio, no cosas separadas, hay que integrarlas. Y hablar de riesgos para el negocio, de oportunidades, de business cases, de indicadores operativos; hacer responsables a las personas de los impactos medioambientales, económicos y sociales.

En IKEA vendemos muebles, pero desde el compromiso de facilitar a 1 billón de personas vivir de una forma más saludable y sostenible, hoy también vendemos placas solares en varios países, estamos testando servicios de energías renovables en otros países o probando modelos de compra-venta de muebles de segunda mano.

Estamos explorando el modelo de negocio necesario para poder ser circulares. Desde el paradigma de la economía circular tenemos que ser capaces de ver no solo cómo se diseñan los productos, también cómo compramos, reparamos, customizamos, donamos, reciclamos… El modelo de negocio evolucionará. Seguiremos dedicándonos al hogar, pero la forma de cumplir las necesidades del cliente será diferente.

Igual que somos capaces de identificar oportunidades en otras áreas (como la tecnológica, la cultural…), ¿por qué no en la parte socio-ambiental? Identificar tendencias, identificar riesgos, y meter todo eso en la coctelera para que se evalúe igual que cualquier otro ámbito a la hora de definir la estrategia de la compañía. Y la sostenibilidad es una oportunidad para generar nuevas líneas de negocio que no podemos dejar pasar. Porque si esperas, desapareces.


5. A menudo, los principios y valores de los códigos éticos chocan en el día a día con otros valores no declarados vinculados a la presión del cortoplacismo y los beneficios en la cuenta de resultados. En función de la gravedad del choque, se genera en nosotros un estrés ético provocado por una falta de coherencia entre [lo que decimos] y [lo que hacemos]. Ante esto, ¿qué pueden hacer las empresas para reducir este estrés ético? ¿Y nosotros como personas?

Para nosotros la visión y los valores tienen un peso muy importante. A mí, por ejemplo, cada año me evalúan desde la perspectiva de hasta qué punto contribuyo al negocio de una forma en la que los valores están activos y presentes. Uno de los valores es el cuidado de las personas y el planeta, por lo que se evalúa la contribución a ello de todos los empleados de IKEA.

Tenemos, además, el Código de conducta para empleados y el Código de conducta para proveedores, que concreta una serie de comportamientos, que ayuda a tomar decisiones – en el caso de empleados – o que se audita – en el caso de proveedores. Esto ayuda a reducir el estrés ético.

Cada año hacemos una formación obligatoria en la que se nos plantean situaciones que tenemos que resolver, desde el análisis del dilema que supone y cómo se traduce la decisión en acciones.

Las personas que trabajamos en IKEA tenemos diferentes herramientas de apoyo. Por ejemplo, yo siempre que tengo un conflicto mi primera fuente es mi jefe, con quien puedo compartir estos dilemas abiertamente.

Testarte, probarte ante conflictos éticos que te puedes encontrar cada día antes de que suceda es positivo. Y ante temas que no tienes el conocimiento suficiente, ponerte en modo aspirante y buscar expertos que te aporten conocimiento.

En IKEA cuando no somos capaces de definir todas las acciones concretas porque el problema o la solución no es sencilla, ponemos una serie de principios que aplicaremos en la búsqueda de las soluciones. Esto ayuda mucho, porque te quita el estrés. Siempre puedes volver a los principios para evaluar siguientes pasos.  

Me gustaría que fuera más normal hablar de temas incómodos, porque si no lo hablas, no se avanza. Cada día surgen nuevas realidades, nuevos riesgos, y si no los afrontamos, luego empieza el estrés porque no sabes cómo gestionarlo.


6. Hace unos años escribiste el artículo: “RSC, energía de activación y catalizadores. Cuestión de química”. Decías que hay dos catalizadores clave para acelerar que la responsabilidad y la sostenibilidad se integren en las organizaciones como un hábito: que dependa directamente del CEO y que se integre en la estructura retributiva.  ¿Qué papel crees que puede jugar la ética en esta lista de catalizadores del cambio?

La ética hay que traducirla en algo accionable. Para ello, hay que tener capacidad de evaluar lo que está bien o lo que está mal, y esto es complicado con temas nuevos porque nos puede faltar el conocimiento o por la falta de métricas para medir cuál es el impacto.

La ética es importante para asegurar los básicos y juega / jugará  un papel catalizador ante los nuevos dilemas que nos vamos a encontrar como consecuencia de acceso a mejor medición de los impactos y de nuevas soluciones gracias a la innovación.


7. Por último, en tres palabras, ¿qué significa para ti incorporar la ética en la toma de decisiones?

  • Minimizar riesgos: asegurar que lo que hago hoy lo hago bien, sin ningún dilema ético por resolver.
  • Identificar nuevas oportunidades relacionadas con el negocio ante lo que te va a impactar mañana.
  • Definir qué más puedo hacer más allá de la cadena de valor, desde un papel de empresa activista y agente de cambio positivo ante los retos que debemos resolver como sociedad.

Conexiones beethik: entrevista a Alfonso Jiménez

Alfonso Jiménez

Partner en Exec Avenue, a Eurosearch company – Experto en Gobierno Corporativo, Consejos Asesores, Mercado de Trabajo, Estrategia de Personas, Cultura, Diversidad, Ageing, Employer Branding.


1. En el estudio “El consejo asesor. Un instrumento de crecimiento y competitividad”, publicado recientemente y que has dirigido, afirmas: “un Consejo Asesor puede ser un instrumento muy apropiado siempre que se defina y se implemente con mimo y, por supuesto, se elija a los miembros adecuados”. ¿Qué capacidades y competencias críticas han de tener? ¿Se encuentran las competencias éticas entre ellas? ¿Cómo se puede garantizar que se están desempeñando de la manera adecuada?

Los Consejos Asesores son órganos informales, no regulados, conformados por varios profesionales independientes que, en base a su experiencia, conocimientos y relaciones, asesoran y sirven de apoyo al gobierno y la dirección de las organizaciones. Pueden tener diversos propósitos, todos ellos orientados a acelerar el crecimiento y mejorar la competitividad, pero el propósito debe estar bien definido y luego requiere una buena ejecución.

Aunque su propósito puede ser diverso, suele estar relacionado con el contraste de ideas con el gobierno y dirección, la presentación de tendencias, el incremento reputacional y la generación de oportunidades.

Es importante reflexionar sobre el propósito, antes de su puesta en marcha, ya que de éste dependerá la elección de sus miembros y su funcionamiento posterior. En muchos casos no tienen un propósito formalizado en su puesta en marcha y éste se va construyendo evolutivamente con las aportaciones de los miembros.

Los miembros del Consejo Asesor deben tener unas determinadas experiencias previas, así como un conjunto de skills para tener éxito (empatía, capacidad de escucha, actitud de ayuda y colaboración, capacidad de comunicación…).

La mejor medida de su desempeño es verificar que los resultados financieros y no financieros son superiores a los que lograrían solos los miembros del equipo de gestión.


2. También afirmas que el Consejo Asesor es un instrumento de competitividad de la empresa y, en los momentos de profundos cambios en los que nos encontramos, el concepto de competitividad no es ajeno a estas transformaciones. ¿Cuáles son los criterios de competitividad que debe contemplar hoy un Consejo Asesor para orientar adecuadamente el presente y futuro de la empresa?

La aportación de valor de los Consejos Asesores tiene que ver con el contraste de ideas con la Alta Dirección, ser puente de tendencias del mercado, ayudar a generar oportunidades y contribuir a la reputación de la organización.

Los consejos asesores que suelen impactar más sobre la competitividad son los de naturaleza consultiva o de naturaleza técnica, ya que aportan ideas hacia dentro.

Sin embargo, los Consejos Asesores de naturaleza reputacional o facilitadores están más orientados a impactar sobre el crecimiento.

Recordemos que una de las conclusiones de nuestro estudio es que bajo la denominación Consejos Asesor se esconden hasta cuatro tipos diferentes de Consejos Asesores:

  • Consejo Asesor “Consultivo” de amplio alcance y de foco interno cuyos miembros ayudarían a contrastar la estrategia, así como su organización, procesos, etc.
  • Consejo Asesor “Técnico o Experto” focalizado en un ámbito específico, como podría ser la Digitalización, la Sostenibilidad…
  • Consejo Asesor “Reputacional” que tendría un foco claramente externo y básicamente implicaría vincular la marca de la empresa con la marca personal de determinados profesionales.
  • Consejo Asesor “Facilitador” con un foco claramente externo y con objetivos específicos de prescripción comercial o de gestiones ante otros stakeholders importantes para la actividad de la organización.

3. Durante muchos años has dirigido diferentes firmas de consultoría de gestión de personas (RRHH). ¿Puedes ofrecernos una visión panorámica de la evolución de esta función y de su impacto en la gestión empresarial? En el contexto de futuro del trabajo que nos presentan las prospectivas actuales, ¿cuáles son los cambios que deberá introducir la función durante los próximos años?

La evolución ha sido impresionante. Cuando yo empecé como consultor fue en el año 1988 entonces los directores eran de Relaciones Industriales o de Personal, se dedicaban a administración de personal y relaciones laborales y, en general, no formaban parte de los Comités de Dirección. Solían tener un perfil administrativo o, si habían estudiado Derecho, muy enfocados en el marco jurídico laboral y la relación con los sindicatos.

En mi vida profesional he vivido un gran cambio, al cual creo que además he contribuido. Empezaron a denominarse Directores de Recursos Humanos y, con cierta frecuencia, a formar parte del Comité de Dirección.

Aunque todavía queda mucho camino por recorrer, hoy juegan un papel mucho más estratégico, mucho más próximo al CEO de la compañía.

Yo creo que la complejidad del nuevo mundo, y el hecho de que los empleados estén dentro de los criterios ESG, concretamente dentro de lo Social, hará que cada día jugarán un papel mucho más importante y los asuntos de Personas serán un tema relevante en los órganos de gobierno de las compañías.


4. En los últimos años, leemos a menudo que hemos entendido mal el concepto de liderazgo y que esta es una de las causas de la grave crisis de confianza en la que nos encontramos; que necesitamos una revolución en la forma de concebir el liderazgo; que el contexto actual requiere romper el binomio jefe-subordinado y cambiar competencias obsoletas – basadas en la cultura de la jerarquía y el miedo- por otras orientadas a la cooperación, el diálogo y la deliberación. ¿Qué opinas al respecto? ¿Cómo se pueden defender ambas posiciones desde una perspectiva ética?

Respecto al liderazgo hay que empezar teniendo presente que es algo que no se enseña. Que se aprende por imitación, por aprendizaje vicario. Por ello, es muy importante que los líderes sean buenos no solo para tener buenos resultados hoy, sino también para fabricar futuros líderes.

Desde luego que hoy es más importante ser un buen líder ya que las Personas que tienen que dirigir son más libres como factor de negocio. Antes las Personas jugaban un rol menos relevante, por tanto, su dirección era menos crítica.

En 2019 coordiné un estudio que finalmente publicamos en una obra que llamamos El Arte de Liderar. El objetivo del estudio era identificar las competencias críticas de buenos líderes empresariales. Y nos salieron cuatro: tener visión y compartirla, conocer y saber gestionar un negocio, saber gestionar personas y equipos y, también, ser un ejemplo. Es decir, ser un modelo ético para todos los stakeholders con los que el líder se relaciona, desde los empleados, a los accionistas, los proveedores, la sociedad en su conjunto, los aliados, y en general el conjunto del ecosistema que hay alrededor de una empresa. El líder tiene que poseer y mostrar valores éticos y ser un buen ejemplo en todas las direcciones.


5. Estamos atravesando por una grave crisis de nuestras instituciones y por una de las mayores crisis de confianza de la historia empresarial. ¿Cuál es el papel que está jugando la ética en este contexto y cuál es el que debería jugar?

La ética siempre es importante. Al final hay cosas que están bien o están mal. Se piensa en el efecto sobre los otros o solo en el interés más personal. Hoy estamos en un momento trascendente donde parece que los valores se deterioran, que las ideologías sucumben a la sociología electoral, que el producto sucumbe a la publicidad y que las relaciones directas sucumben a las soportadas tecnológicamente. En este contexto la mentira se esconde con más facilidad. Las fakenews están presente en el día a día. El ser humano leía con bastante precisión la riqueza de la expresión corporal y facial que va más allá de la palabra, pero estamos en un entorno intermediado donde es más fácil engañarnos con tantas capas de papel de regalo envuelto en tecnología.

Por todo ello, es más importante que nunca que los directivos, las empresas, las personas actuemos desde principios éticos, siempre desde la autenticidad.


6. Por último, en tres palabras, ¿qué significa para ti incorporar la ética en la toma de decisiones?

Al final para mí la ética se expresa en la toma de decisiones. Es en las decisiones donde realmente se materializa nuestra “mente ética”. Si el proceso de toma de decisiones se toma solo por criterios económicos del corto plazo podremos estar cometiendo grandes errores.

La gran ventaja es que hoy la falta de ética en la toma de decisiones se puede vengar y la venganza de la falta de ética es la pérdida de reputación. Y si perdemos reputación perdemos uno de los mayores valores, algo que cuesta mucho lograr y que es muy fácil perder. Hoy las redes sociales son un canal tremendo para poner en evidencia la falta de ética de algunas decisiones. Aunque, como decía anteriormente, pueden ser calumnias que pueden hacernos mucho daño y sobre las que debemos protegernos. En cualquier caso, lo mejor es ser auténtico, hacer las cosas bien, decidir con criterios financieros y no financieros, y finalmente contarlo.

Conexiones beethik: entrevista a Ester Benach

Ester Benach

Directora de Excelencia y Responsabilidad Social en Clubs Claror.

1. ¿Qué te sugiere el concepto de ética de la responsabilidad radical, especialmente en estos momentos tan inciertos que estamos viviendo?

Principalmente, me sugiere reflexión y valores. En momentos inciertos, tanto en las personas como en las organizaciones puede aparecer el miedo, la inseguridad, la angustia … grupos de emociones y sentimientos que en momentos de fuerte presión, si no se gestionan bien, pueden conducirnos a la precipitación, a actuar sin escuchar, a imponer los criterios de quien más alza la voz, a alejarnos del camino que queríamos trazar y a no ser coherente con los valores personales y los de la organización. Siempre, pero sobre todo en momentos duros o de alta incertidumbre, solo si tenemos una fuerte convicción en querer actuar de manera ética encontraremos el momento para parar, reflexionar y tomar las decisiones más adecuadas y coherentes para el presente y el futuro de la organización y de todas las partes que participan.


2. Dices que tu objetivo es «promover una gestión ética y responsable, conjugando el triángulo: propósito + diálogo con los grupos de interés + gestión del impacto con visión 360 grados». ¿Por qué esta triada?

Para mí es la conjugación principal para una gestión responsable de las organizaciones. Liga el faro que guía la organización (propósito), la forma en que haces el viaje (en colaboración con las partes implicadas) y la estela que dejas a cada paso, en cada decisión (gestión del impacto). Siguiendo con la metáfora marinera, sin un propósito claro cualquier contratiempo te puede dejar a la deriva. Y sin escuchar lo que los interesados ​​en tu actividad piensan, esperan de ti, necesitan, es difícil navegar entre múltiples opciones para llegar a un mismo puerto, avanzar a los cambios, ser ágil, innovar con sentido. Por último, a pesar de tener clara la esencia, el «para qué» existes y dialogar con todas las partes, solo si vas midiendo y gestionando los impactos puedes emprender el camino hacia la mejora continua que, de hecho, es la única manera de trabajar por la excelencia.

También es importante tener en cuenta esta visión 360º. Hace años, cuando hablábamos de responsabilidad social lo más fácil era asociarla a la acción social, a la solidaridad, a la filantropía. Más tarde, con el concepto sostenibilidad, se nos encasilló en aspectos ambientales, a pesar de los intentos para hacer ver que la palabra «sostenibilidad» es más amplia. Aunque ahora muchas empresas tienen un departamento de RSC que básicamente está enfocado a acción social, aspectos ambientales o de gestión de la cadena de proveedores… Creo que uno de los retos de los que nos dedicamos a la responsabilidad social es hacer entender que no se trata de tener un departamento de RSC que va impulsando acciones, políticas, procedimientos con mayor o menor acierto, sino que la organización se gestione de manera responsable. Por eso a mí me gusta siempre hablar de gestión responsable, porque es lo que da sentido a esta visión 360º, lo que permite integrarla en la estrategia y bajar la conciencia social, los valores, la toma de decisiones de manera ética a toda la organización y los grupos de interés.


3. Eres experta en comunicación interna y apuestas por un enfoque dirigido a favorecer un buen clima laboral y el bienestar del equipo. ¿Cuáles son los retos que la situación actual supone para conseguir este bienestar?

Defiendo una gestión del equipo que tenga en cuenta que las personas somos poliédricas, tenemos muchas facetas, muchas caras, muchos talentos, inquietudes, intereses … Somos complejas y no podemos disociar quiénes somos, cómo nos sentimos según si estamos trabajando, en casa, con las amistades o haciendo lo que nos gusta. Pienso que debemos fomentar un liderazgo que aprenda a escuchar a las personas, a conocerlas, entenderlas. Solo así podremos descubrir qué es lo mejor para que se sientan bien haciendo el trabajo que hacen y que aporten toda su valía personal y profesional. Y todo esto que parece muy sencillo es realmente complicado. Si realmente tuviéramos esta visión de la gestión del equipo, eliminaríamos palabras como Recursos Humanos, que solo consiguen perpetrar la idea de que el trabajador/a es un recurso para conseguir un fin.

Por lo tanto, el gran reto es aprender el arte del liderazgo, sobre todo en momentos actuales. Liderar un equipo en momentos de bonanza, cuando los resultados son positivos o, incluso cuando tienes buenos profesionales es fácil, tiene un mérito relativo. El gran reto es hacerlo bien cuando la situación es más difícil. Por ejemplo, en momentos de crisis como el actual, donde hay sufrimiento por la situación sanitaria, inseguridad por si se mantienen los puestos de trabajo, personas en ERTE, añoranza, apatía… es fácil que el clima laboral se enrarezca y hace falta un liderazgo positivo, ético, que tenga en cuenta que el primer grupo de interés son las personas que trabajan para mantener el sentimiento de pertenencia y la implicación en el proyecto.


4. Durante los últimos años has trabajado intensamente en la promoción del paradigma de la empresa saludable desde una visión estratégica e integral. Ante la situación de emergencia emocional derivada de la pandemia de la Covid-19, ¿qué beneficios puede aportar a la empresa apostar por este enfoque de gestión?

Seguramente, las empresas que han tenido esta visión de empresa saludable o feliz han tenido más fácil mantener la vinculación y la implicación del equipo durante este año tan duro.

Por ejemplo, en el contexto de la pandemia, una empresa saludable no solo regula bien el teletrabajo sino que cuida de que las personas que lo hacen disfrutan en casa de las condiciones óptimas tanto en el ámbito físico, como psicológico. Se preocupa y provee de medios o, al menos, de consejos (que no cuestan dinero) para cuidar la ergonomía, el tiempo ante la pantalla, la iluminación, la conciliación, el estado emocional…

La empresa saludable también se preocupa por mantener el equipo cohesionado y en este año Covid un reto puede ser reencontrar los vínculos que la distancia y la virtualidad han enfriado. Sesiones grupales de actividades deportivas o lúdicas, aunque sea en formato virtual, si están bien pensadas pueden contribuir a cohesionar el equipo pero también a darle un tiempo para el respiro, la relajación, la diversión…

Mi visión de empresa saludable, pero, va más allá. Adapta la pirámide de Maslow y la traslada del plan individual al plan grupal, de organización. Por lo tanto, la empresa saludable debe pasar de la gestión por objetivos a la gestión por valores, fomentarlos entre el equipo, practicarlos en sus acciones, con los grupos de interés y también fomentando el bien común. Iniciativas como la toma de decisiones ética, el voluntariado corporativo, la participación interna, la flexibilidad horaria, son solo unos cuantos ejemplos del camino que se puede recorrer.


5. También has hablado en muchas ocasiones de la importancia de promover unos liderazgos éticos en las organizaciones. ¿Por qué es importante incorporar la ética en esta dimensión organizativa?

Para mí la ética no tiene que ver con una cuestión moral sobre el bien y el mal. De hecho, no hay decisiones buenas o malas, simplemente hay decisiones que impactan en positivo o en negativo, con más alcance o menos, que contribuyen al bien común o al bien de unos cuantos. Y es por eso que yo ligo la ética a la reflexión. Ante cualquier decisión trascendente, que tenga impacto en nuestro equipo, en la clientela, en la economía de la empresa, en la estrategia a futuro… deberíamos dedicar el tiempo suficiente para pensar qué consecuencias, qué impacto generaremos con aquella decisión, en qué y a quién suma, en qué y a quién resta y cómo está de alineada con los valores que promulgamos. Incluso deberíamos tener tiempo para preguntar a las partes interesadas. Evidentemente, nadie nos garantiza que no nos equivocamos con la decisión pero, al menos, estaremos seguros de que la tomamos de manera meditada, consciente y valorando de manera ética la información que teníamos en ese momento. En este sentido, admiro el gran trabajo de beethik para aterrizar conceptos abstractos en herramientas prácticas que hacen fácil la aplicación.


6. El sector en el que trabajas – los clubes deportivos – ha sido uno de los más castigados por la pandemia. ¿Crees que la apuesta por una gestión responsable que lleváis a cabo hace años ha servido de alguna manera para sobrevivir mejor a la situación? ¿Cómo?

Sin duda partíamos de la mejor posición para afrontar una pandemia. Después de muchos años de trabajo, en 2019 pusimos el colofón recibiendo la máxima certificación en el modelo EFQM de excelencia en la gestión. Certificarnos nos sirvió para darnos cuenta de cómo este modelo está íntimamente ligado con la gestión responsable porque tiene muy en cuenta el diálogo con los grupos de interés, mide el impacto en las dimensiones de la RSC e invita a las organizaciones a implementar procesos de mejora continua para perseguir la excelencia.

Además, una de las máximas del modelo es planificar el futuro mientras se gestiona el presente y eso es lo que hemos hecho durante la pandemia. La crisis sanitaria se ha convertido para nosotros en una crisis económica sin precedentes que ha puesto en riesgo la viabilidad de la entidad. Gestionar una situación tan grave, imposible de imaginar, en un entorno enormemente incierto y cambiante ha sido todo un reto que hemos afrontado con una gestión prudente de los recursos e intentando ser lo más transparentes con el equipo y la clientela. A la vez hemos pensado en cómo garantizar el futuro de la entidad, de su proyecto fundacional y de todos los puestos de trabajo.

Somos conscientes de que hemos cometido y cometemos errores y asumimos las críticas de personas del equipo o de clientes que creen que podríamos haber actuado diferente, mejor. Por suerte, también hay muchas que nos han felicitado y mostrado el orgullo de pertenecer a una organización como la nuestra. Unas y otras nos ayudan en el momento de hacer autocrítica, que siempre llega, como llega la calma después de la tormenta y lo más importante es que, después de la tormenta, sigan en pie los fundamentos y la convicción de que la única manera de gestionar cualquier organización -pero sobre todo una como la nuestra- es de manera responsable y generando impactos positivos en el equipo, la clientela y la sociedad.


7. Por último, en tres palabras, ¿qué significa para ti incorporar la ética en la toma de decisiones?

Reflexión, Coherencia, Impacto positivo