Conexiones beethik: entrevista a Alfonso Jiménez

Alfonso Jiménez

Partner en Exec Avenue, a Eurosearch company – Experto en Gobierno Corporativo, Consejos Asesores, Mercado de Trabajo, Estrategia de Personas, Cultura, Diversidad, Ageing, Employer Branding.


1. En el estudio “El consejo asesor. Un instrumento de crecimiento y competitividad”, publicado recientemente y que has dirigido, afirmas: “un Consejo Asesor puede ser un instrumento muy apropiado siempre que se defina y se implemente con mimo y, por supuesto, se elija a los miembros adecuados”. ¿Qué capacidades y competencias críticas han de tener? ¿Se encuentran las competencias éticas entre ellas? ¿Cómo se puede garantizar que se están desempeñando de la manera adecuada?

Los Consejos Asesores son órganos informales, no regulados, conformados por varios profesionales independientes que, en base a su experiencia, conocimientos y relaciones, asesoran y sirven de apoyo al gobierno y la dirección de las organizaciones. Pueden tener diversos propósitos, todos ellos orientados a acelerar el crecimiento y mejorar la competitividad, pero el propósito debe estar bien definido y luego requiere una buena ejecución.

Aunque su propósito puede ser diverso, suele estar relacionado con el contraste de ideas con el gobierno y dirección, la presentación de tendencias, el incremento reputacional y la generación de oportunidades.

Es importante reflexionar sobre el propósito, antes de su puesta en marcha, ya que de éste dependerá la elección de sus miembros y su funcionamiento posterior. En muchos casos no tienen un propósito formalizado en su puesta en marcha y éste se va construyendo evolutivamente con las aportaciones de los miembros.

Los miembros del Consejo Asesor deben tener unas determinadas experiencias previas, así como un conjunto de skills para tener éxito (empatía, capacidad de escucha, actitud de ayuda y colaboración, capacidad de comunicación…).

La mejor medida de su desempeño es verificar que los resultados financieros y no financieros son superiores a los que lograrían solos los miembros del equipo de gestión.


2. También afirmas que el Consejo Asesor es un instrumento de competitividad de la empresa y, en los momentos de profundos cambios en los que nos encontramos, el concepto de competitividad no es ajeno a estas transformaciones. ¿Cuáles son los criterios de competitividad que debe contemplar hoy un Consejo Asesor para orientar adecuadamente el presente y futuro de la empresa?

La aportación de valor de los Consejos Asesores tiene que ver con el contraste de ideas con la Alta Dirección, ser puente de tendencias del mercado, ayudar a generar oportunidades y contribuir a la reputación de la organización.

Los consejos asesores que suelen impactar más sobre la competitividad son los de naturaleza consultiva o de naturaleza técnica, ya que aportan ideas hacia dentro.

Sin embargo, los Consejos Asesores de naturaleza reputacional o facilitadores están más orientados a impactar sobre el crecimiento.

Recordemos que una de las conclusiones de nuestro estudio es que bajo la denominación Consejos Asesor se esconden hasta cuatro tipos diferentes de Consejos Asesores:

  • Consejo Asesor “Consultivo” de amplio alcance y de foco interno cuyos miembros ayudarían a contrastar la estrategia, así como su organización, procesos, etc.
  • Consejo Asesor “Técnico o Experto” focalizado en un ámbito específico, como podría ser la Digitalización, la Sostenibilidad…
  • Consejo Asesor “Reputacional” que tendría un foco claramente externo y básicamente implicaría vincular la marca de la empresa con la marca personal de determinados profesionales.
  • Consejo Asesor “Facilitador” con un foco claramente externo y con objetivos específicos de prescripción comercial o de gestiones ante otros stakeholders importantes para la actividad de la organización.

3. Durante muchos años has dirigido diferentes firmas de consultoría de gestión de personas (RRHH). ¿Puedes ofrecernos una visión panorámica de la evolución de esta función y de su impacto en la gestión empresarial? En el contexto de futuro del trabajo que nos presentan las prospectivas actuales, ¿cuáles son los cambios que deberá introducir la función durante los próximos años?

La evolución ha sido impresionante. Cuando yo empecé como consultor fue en el año 1988 entonces los directores eran de Relaciones Industriales o de Personal, se dedicaban a administración de personal y relaciones laborales y, en general, no formaban parte de los Comités de Dirección. Solían tener un perfil administrativo o, si habían estudiado Derecho, muy enfocados en el marco jurídico laboral y la relación con los sindicatos.

En mi vida profesional he vivido un gran cambio, al cual creo que además he contribuido. Empezaron a denominarse Directores de Recursos Humanos y, con cierta frecuencia, a formar parte del Comité de Dirección.

Aunque todavía queda mucho camino por recorrer, hoy juegan un papel mucho más estratégico, mucho más próximo al CEO de la compañía.

Yo creo que la complejidad del nuevo mundo, y el hecho de que los empleados estén dentro de los criterios ESG, concretamente dentro de lo Social, hará que cada día jugarán un papel mucho más importante y los asuntos de Personas serán un tema relevante en los órganos de gobierno de las compañías.


4. En los últimos años, leemos a menudo que hemos entendido mal el concepto de liderazgo y que esta es una de las causas de la grave crisis de confianza en la que nos encontramos; que necesitamos una revolución en la forma de concebir el liderazgo; que el contexto actual requiere romper el binomio jefe-subordinado y cambiar competencias obsoletas – basadas en la cultura de la jerarquía y el miedo- por otras orientadas a la cooperación, el diálogo y la deliberación. ¿Qué opinas al respecto? ¿Cómo se pueden defender ambas posiciones desde una perspectiva ética?

Respecto al liderazgo hay que empezar teniendo presente que es algo que no se enseña. Que se aprende por imitación, por aprendizaje vicario. Por ello, es muy importante que los líderes sean buenos no solo para tener buenos resultados hoy, sino también para fabricar futuros líderes.

Desde luego que hoy es más importante ser un buen líder ya que las Personas que tienen que dirigir son más libres como factor de negocio. Antes las Personas jugaban un rol menos relevante, por tanto, su dirección era menos crítica.

En 2019 coordiné un estudio que finalmente publicamos en una obra que llamamos El Arte de Liderar. El objetivo del estudio era identificar las competencias críticas de buenos líderes empresariales. Y nos salieron cuatro: tener visión y compartirla, conocer y saber gestionar un negocio, saber gestionar personas y equipos y, también, ser un ejemplo. Es decir, ser un modelo ético para todos los stakeholders con los que el líder se relaciona, desde los empleados, a los accionistas, los proveedores, la sociedad en su conjunto, los aliados, y en general el conjunto del ecosistema que hay alrededor de una empresa. El líder tiene que poseer y mostrar valores éticos y ser un buen ejemplo en todas las direcciones.


5. Estamos atravesando por una grave crisis de nuestras instituciones y por una de las mayores crisis de confianza de la historia empresarial. ¿Cuál es el papel que está jugando la ética en este contexto y cuál es el que debería jugar?

La ética siempre es importante. Al final hay cosas que están bien o están mal. Se piensa en el efecto sobre los otros o solo en el interés más personal. Hoy estamos en un momento trascendente donde parece que los valores se deterioran, que las ideologías sucumben a la sociología electoral, que el producto sucumbe a la publicidad y que las relaciones directas sucumben a las soportadas tecnológicamente. En este contexto la mentira se esconde con más facilidad. Las fakenews están presente en el día a día. El ser humano leía con bastante precisión la riqueza de la expresión corporal y facial que va más allá de la palabra, pero estamos en un entorno intermediado donde es más fácil engañarnos con tantas capas de papel de regalo envuelto en tecnología.

Por todo ello, es más importante que nunca que los directivos, las empresas, las personas actuemos desde principios éticos, siempre desde la autenticidad.


6. Por último, en tres palabras, ¿qué significa para ti incorporar la ética en la toma de decisiones?

Al final para mí la ética se expresa en la toma de decisiones. Es en las decisiones donde realmente se materializa nuestra “mente ética”. Si el proceso de toma de decisiones se toma solo por criterios económicos del corto plazo podremos estar cometiendo grandes errores.

La gran ventaja es que hoy la falta de ética en la toma de decisiones se puede vengar y la venganza de la falta de ética es la pérdida de reputación. Y si perdemos reputación perdemos uno de los mayores valores, algo que cuesta mucho lograr y que es muy fácil perder. Hoy las redes sociales son un canal tremendo para poner en evidencia la falta de ética de algunas decisiones. Aunque, como decía anteriormente, pueden ser calumnias que pueden hacernos mucho daño y sobre las que debemos protegernos. En cualquier caso, lo mejor es ser auténtico, hacer las cosas bien, decidir con criterios financieros y no financieros, y finalmente contarlo.

Es más mío lo que sueño que lo que toco…

Artículo de José Antonio Lavado, socio fundador de beethik en el blog de la Fundació Factor Humà

14 de juny de 2021

Hoy en día la ética es más necesaria que nunca, tanto en las organizaciones como en el conjunto de la sociedad. Pero ¿qué es la ética? Sentir y pensar con los demás para vivir y convivir mejor. Con el fin de mejorar en la toma de decisiones cotidianas, transformar la esencia de las relaciones y dar respuesta a los retos que plantea el actual entorno complejo, es fundamental y urgente llevar a cabo una reflexión crítico-racional en las organizaciones. 

Sigue leyendo

Conexiones beethik: entrevista a Ester Benach

Ester Benach

Directora de Excelencia y Responsabilidad Social en Clubs Claror.

1. ¿Qué te sugiere el concepto de ética de la responsabilidad radical, especialmente en estos momentos tan inciertos que estamos viviendo?

Principalmente, me sugiere reflexión y valores. En momentos inciertos, tanto en las personas como en las organizaciones puede aparecer el miedo, la inseguridad, la angustia … grupos de emociones y sentimientos que en momentos de fuerte presión, si no se gestionan bien, pueden conducirnos a la precipitación, a actuar sin escuchar, a imponer los criterios de quien más alza la voz, a alejarnos del camino que queríamos trazar y a no ser coherente con los valores personales y los de la organización. Siempre, pero sobre todo en momentos duros o de alta incertidumbre, solo si tenemos una fuerte convicción en querer actuar de manera ética encontraremos el momento para parar, reflexionar y tomar las decisiones más adecuadas y coherentes para el presente y el futuro de la organización y de todas las partes que participan.


2. Dices que tu objetivo es «promover una gestión ética y responsable, conjugando el triángulo: propósito + diálogo con los grupos de interés + gestión del impacto con visión 360 grados». ¿Por qué esta triada?

Para mí es la conjugación principal para una gestión responsable de las organizaciones. Liga el faro que guía la organización (propósito), la forma en que haces el viaje (en colaboración con las partes implicadas) y la estela que dejas a cada paso, en cada decisión (gestión del impacto). Siguiendo con la metáfora marinera, sin un propósito claro cualquier contratiempo te puede dejar a la deriva. Y sin escuchar lo que los interesados ​​en tu actividad piensan, esperan de ti, necesitan, es difícil navegar entre múltiples opciones para llegar a un mismo puerto, avanzar a los cambios, ser ágil, innovar con sentido. Por último, a pesar de tener clara la esencia, el «para qué» existes y dialogar con todas las partes, solo si vas midiendo y gestionando los impactos puedes emprender el camino hacia la mejora continua que, de hecho, es la única manera de trabajar por la excelencia.

También es importante tener en cuenta esta visión 360º. Hace años, cuando hablábamos de responsabilidad social lo más fácil era asociarla a la acción social, a la solidaridad, a la filantropía. Más tarde, con el concepto sostenibilidad, se nos encasilló en aspectos ambientales, a pesar de los intentos para hacer ver que la palabra «sostenibilidad» es más amplia. Aunque ahora muchas empresas tienen un departamento de RSC que básicamente está enfocado a acción social, aspectos ambientales o de gestión de la cadena de proveedores… Creo que uno de los retos de los que nos dedicamos a la responsabilidad social es hacer entender que no se trata de tener un departamento de RSC que va impulsando acciones, políticas, procedimientos con mayor o menor acierto, sino que la organización se gestione de manera responsable. Por eso a mí me gusta siempre hablar de gestión responsable, porque es lo que da sentido a esta visión 360º, lo que permite integrarla en la estrategia y bajar la conciencia social, los valores, la toma de decisiones de manera ética a toda la organización y los grupos de interés.


3. Eres experta en comunicación interna y apuestas por un enfoque dirigido a favorecer un buen clima laboral y el bienestar del equipo. ¿Cuáles son los retos que la situación actual supone para conseguir este bienestar?

Defiendo una gestión del equipo que tenga en cuenta que las personas somos poliédricas, tenemos muchas facetas, muchas caras, muchos talentos, inquietudes, intereses … Somos complejas y no podemos disociar quiénes somos, cómo nos sentimos según si estamos trabajando, en casa, con las amistades o haciendo lo que nos gusta. Pienso que debemos fomentar un liderazgo que aprenda a escuchar a las personas, a conocerlas, entenderlas. Solo así podremos descubrir qué es lo mejor para que se sientan bien haciendo el trabajo que hacen y que aporten toda su valía personal y profesional. Y todo esto que parece muy sencillo es realmente complicado. Si realmente tuviéramos esta visión de la gestión del equipo, eliminaríamos palabras como Recursos Humanos, que solo consiguen perpetrar la idea de que el trabajador/a es un recurso para conseguir un fin.

Por lo tanto, el gran reto es aprender el arte del liderazgo, sobre todo en momentos actuales. Liderar un equipo en momentos de bonanza, cuando los resultados son positivos o, incluso cuando tienes buenos profesionales es fácil, tiene un mérito relativo. El gran reto es hacerlo bien cuando la situación es más difícil. Por ejemplo, en momentos de crisis como el actual, donde hay sufrimiento por la situación sanitaria, inseguridad por si se mantienen los puestos de trabajo, personas en ERTE, añoranza, apatía… es fácil que el clima laboral se enrarezca y hace falta un liderazgo positivo, ético, que tenga en cuenta que el primer grupo de interés son las personas que trabajan para mantener el sentimiento de pertenencia y la implicación en el proyecto.


4. Durante los últimos años has trabajado intensamente en la promoción del paradigma de la empresa saludable desde una visión estratégica e integral. Ante la situación de emergencia emocional derivada de la pandemia de la Covid-19, ¿qué beneficios puede aportar a la empresa apostar por este enfoque de gestión?

Seguramente, las empresas que han tenido esta visión de empresa saludable o feliz han tenido más fácil mantener la vinculación y la implicación del equipo durante este año tan duro.

Por ejemplo, en el contexto de la pandemia, una empresa saludable no solo regula bien el teletrabajo sino que cuida de que las personas que lo hacen disfrutan en casa de las condiciones óptimas tanto en el ámbito físico, como psicológico. Se preocupa y provee de medios o, al menos, de consejos (que no cuestan dinero) para cuidar la ergonomía, el tiempo ante la pantalla, la iluminación, la conciliación, el estado emocional…

La empresa saludable también se preocupa por mantener el equipo cohesionado y en este año Covid un reto puede ser reencontrar los vínculos que la distancia y la virtualidad han enfriado. Sesiones grupales de actividades deportivas o lúdicas, aunque sea en formato virtual, si están bien pensadas pueden contribuir a cohesionar el equipo pero también a darle un tiempo para el respiro, la relajación, la diversión…

Mi visión de empresa saludable, pero, va más allá. Adapta la pirámide de Maslow y la traslada del plan individual al plan grupal, de organización. Por lo tanto, la empresa saludable debe pasar de la gestión por objetivos a la gestión por valores, fomentarlos entre el equipo, practicarlos en sus acciones, con los grupos de interés y también fomentando el bien común. Iniciativas como la toma de decisiones ética, el voluntariado corporativo, la participación interna, la flexibilidad horaria, son solo unos cuantos ejemplos del camino que se puede recorrer.


5. También has hablado en muchas ocasiones de la importancia de promover unos liderazgos éticos en las organizaciones. ¿Por qué es importante incorporar la ética en esta dimensión organizativa?

Para mí la ética no tiene que ver con una cuestión moral sobre el bien y el mal. De hecho, no hay decisiones buenas o malas, simplemente hay decisiones que impactan en positivo o en negativo, con más alcance o menos, que contribuyen al bien común o al bien de unos cuantos. Y es por eso que yo ligo la ética a la reflexión. Ante cualquier decisión trascendente, que tenga impacto en nuestro equipo, en la clientela, en la economía de la empresa, en la estrategia a futuro… deberíamos dedicar el tiempo suficiente para pensar qué consecuencias, qué impacto generaremos con aquella decisión, en qué y a quién suma, en qué y a quién resta y cómo está de alineada con los valores que promulgamos. Incluso deberíamos tener tiempo para preguntar a las partes interesadas. Evidentemente, nadie nos garantiza que no nos equivocamos con la decisión pero, al menos, estaremos seguros de que la tomamos de manera meditada, consciente y valorando de manera ética la información que teníamos en ese momento. En este sentido, admiro el gran trabajo de beethik para aterrizar conceptos abstractos en herramientas prácticas que hacen fácil la aplicación.


6. El sector en el que trabajas – los clubes deportivos – ha sido uno de los más castigados por la pandemia. ¿Crees que la apuesta por una gestión responsable que lleváis a cabo hace años ha servido de alguna manera para sobrevivir mejor a la situación? ¿Cómo?

Sin duda partíamos de la mejor posición para afrontar una pandemia. Después de muchos años de trabajo, en 2019 pusimos el colofón recibiendo la máxima certificación en el modelo EFQM de excelencia en la gestión. Certificarnos nos sirvió para darnos cuenta de cómo este modelo está íntimamente ligado con la gestión responsable porque tiene muy en cuenta el diálogo con los grupos de interés, mide el impacto en las dimensiones de la RSC e invita a las organizaciones a implementar procesos de mejora continua para perseguir la excelencia.

Además, una de las máximas del modelo es planificar el futuro mientras se gestiona el presente y eso es lo que hemos hecho durante la pandemia. La crisis sanitaria se ha convertido para nosotros en una crisis económica sin precedentes que ha puesto en riesgo la viabilidad de la entidad. Gestionar una situación tan grave, imposible de imaginar, en un entorno enormemente incierto y cambiante ha sido todo un reto que hemos afrontado con una gestión prudente de los recursos e intentando ser lo más transparentes con el equipo y la clientela. A la vez hemos pensado en cómo garantizar el futuro de la entidad, de su proyecto fundacional y de todos los puestos de trabajo.

Somos conscientes de que hemos cometido y cometemos errores y asumimos las críticas de personas del equipo o de clientes que creen que podríamos haber actuado diferente, mejor. Por suerte, también hay muchas que nos han felicitado y mostrado el orgullo de pertenecer a una organización como la nuestra. Unas y otras nos ayudan en el momento de hacer autocrítica, que siempre llega, como llega la calma después de la tormenta y lo más importante es que, después de la tormenta, sigan en pie los fundamentos y la convicción de que la única manera de gestionar cualquier organización -pero sobre todo una como la nuestra- es de manera responsable y generando impactos positivos en el equipo, la clientela y la sociedad.


7. Por último, en tres palabras, ¿qué significa para ti incorporar la ética en la toma de decisiones?

Reflexión, Coherencia, Impacto positivo