Conexiones beethik: entrevista a Marala

Marala es un trío formado por Selma Bruna, Clara Fiol y Sandra Monfort. Tres mujeres músicas, compositoras y poderosas que reivindican la recuperación de la música de raíz desde una visión actual y que no para de sumar logros y galardones, como los Premios Carles Sants 2022 de la Música Valenciana por Jota de morir como Mejor Disco de 2022 y Mejor Disco de Músicas de Raíz o el Premio Enderrock 2023 de la crítica al mejor disco del año, compartido ex aquo con Rosalia y su Motomami.


1. Cuando hablamos de ética hablamos de esencia, de las raíces de nuestra condición humana. Y vosotras hacéis música de raíz, recuperando la música tradicional con una visión absolutamente actual. ¿Por qué habéis escogido esta opción? ¿Véis alguna conexión con la manera de entender lo que nos hace ser personas?

Absolutamente. La música y la tradición hablan de quienes somos. Y el tiempo en el que vivimos, también. Nos interesa entendernos, y conjugar lo que hemos sido con lo que somos ahora nos parece muy interesante. La música de raíz está cargada de información esencial: cómo estimábamos y cómo estimamos, quién nos ampara, qué nos da miedo y qué nos gusta. El papel de la mujer, la importancia de la muerte, el valor que concedemos a Dios, a la belleza… Y la música tradicional, ligadísima al campo, tiene esa sabiduría: la de las cosas grandes que se esconden en lo cotidiano. Queremos aprender y queremos desaprender también. Por eso nos movemos entre estos dos mundos, que son continuación uno del otro y que nos conforman.


2. Como ocurre con la música tradicional o la voz de las mujeres, la muerte es otro universo enorme y silenciado. Se ha dicho que, después de publicar A trenc d’alba, un disco dedicado a la luz y a los principios, con vuestro último disco – Jota de Morir – buscáis acercaros a la muerte para entender mejor el final. ¿Por qué habéis elegido este tema?

Desde que Marala empezó, las tres integrantes del grupo hemos pasado por distintos momentos vitales. Parte de nuestro proceso personal pasa por desmontar «la niña buena», la que «lo hace todo bien», la que «no ofende ni molesta»… Teníamos ganas de dejar que esto dejara de ser el centro y dar espacio también a otras cosas que, como la música tradicional o la muerte, han sido también silenciadas en nuestro interior, darles voz y espacio. Es como si hubiéramos dejado que Marala viviera la adolescencia que merece toda vida.

Paralelamente, y desde las adultas que somos, también teníamos ganas de reivindicar la muerte, los finales. Desde ese momento capitalista y neoliberal que nos inunda parece que todo sea eterno y está bien recordarnos que no es así. Porque al final, nada nos hace más humanos que los finales.     


3. Precisamente con este último disco – con el que estáis haciendo ahora una nueva gira con un espectáculo nuevo – habéis recibido muchos reconocimientos y llenáis auditorios por todo el mundo… pero al mismo tiempo habéis denunciado públicamente la condición “de éxito precario” que sufrís. ¿Qué pasa en el sector musical para que un grupo de éxito tenga que dormir en sofás de amigos cuando hace bolos porque no puede permitirse otra manera de hacerlo realidad?

«Está mal montao, cariño». No hay suficiente conciencia cultural ni política para amparar la necesidad del sector. Y este es el resultado. Que incluso un grupo que parece que tira, que ha encontrado su sitio dentro de la industria y que hace bolos por todas partes todavía no puede vivir con tranquilidad porque la realidad es que NO HAY suficiente presupuesto para todo. Es muy agotador realmente. Suerte de las terapias y de los escitaloprams.


4. Esta precariedad puede hacerse extensiva al público, ya que siguen existiendo barreras de acceso, sobre todo económicas, para poder disfrutar de las propuestas artísticas. ¿Qué debe cambiar para que todo el mundo pueda acceder a la cultura?

Política y socialmente debe haber un cambio de paradigma. La cultura no debe ser un extra, debe ser un básico y eso, por desgracia, todavía no lo tenemos integrado como sociedad. Existe un tema político relacionado con el apoyo que se da al sector musical desde las instituciones, pero también un tema de conciencia popular. ¿Vas a la discoteca y no te sorprende que un cubata cueste 15€ pero que un concierto valga 10 lo encontramos excesivo? Definitivamente, hay algo que no estamos haciendo bien en ese sentido.


5. ¿Cuáles diríais que son los valores que os unen a las tres y os mueven a hacer realidad vuestras propuestas? ¿Pensáis que son valores generalizados en el mundo de la música? ¿Y en la sociedad en general?

Nos unen muchas cosas. Nos gusta crear conjuntamente, poner las tres inteligencias y sensibilidades en sintonía, y aprovechar nuestras diferencias al servicio de una creación que sume. Tenemos en común el interés por la ternura y la intimidad, así como las ganas de deshacernos de estos tópicos como un espacio insignificante y de segundas. La ternura en el centro, sin que esto signifique que no podamos ser divertidas, desafiantes, coquetas o críticas con la injusticia. Nos une el feminismo, el placer en la estética, la mezcla de lo orgánico con lo sintético… Y lo hacemos en nuestra lengua, que es común pero está llena de matices que no queremos dejar de lado. No creemos que estemos solas en estos intereses: somos hijas de nuestro tiempo. Pero también es cierto que en un mundo globalizado y capitalista, es necesario tener estos faros bien encendidos, porque es difícil no caer en la producción en serie y el desarraigo.


6. Vivimos tiempos de emergencia emocional, con niveles de vulnerabilidad y problemas de salud mental nunca vistos. Y en estos momentos la música, las artes en general, son una herramienta clave de transformación social y personal. ¿Cómo describiríais este papel transformador de la música?

Es realmente sanador y reparador. Vivimos sobreinformadas y chupando informaciones muy violentas todo el rato. La música es un espacio de pausa y evasión, que a veces es necesario, pero también puede ser revolucionaria e impulsar el cambio. Creemos que estas dos caras de la moneda son imprescindibles: olvidarnos del mundo, imaginar otro más amable y, al mismo tiempo, mirar el mundo de cara y señalar todo lo nocivo. Es muy importante poner el cuidado en el centro y procuramos hacerlo: no tanto por lo que puede significar para el mundo, que también, sino, sobre todo, porque nos cura a nosotras, y es importante que nos cuidemos.


7. Vivimos también tiempos en que parece que la música que llega, sobre todo a las personas más jóvenes, es altavoz de mensajes que perpetúan los esquemas machistas y de poder establecido. ¿Es posible luchar contra estas tendencias? ¿Cómo lo hacéis vosotras?

Un poco como todo. Nosotras también escuchamos esta música y la disfrutamos. Y a veces también nos encanta sentirnos princesas y hadas, aunque sepamos que son espacios inofensivos que se nos han reservado a las mujeres para mantenernos fuera del poder. No es solo incoherencia, es también señal de que estamos vivas, que la historia nos afecta y que tenemos mucho que aprender. No queremos olvidar el espíritu crítico, y ciertamente existen muchas violencias en el mundo y personas que solo conocen esta realidad. Aquí está nuestro compromiso de hacer una música consciente y luminosa, pero no queremos hacer de nuestra música un panfleto: hay de todo, porque nos afectan muchas realidades a la vez y no sería honesto esconderlas.


8. Por último, en tres palabras, ¿cuál es el papel de la música y de la cultura en la construcción de una sociedad más auténtica, humana y sostenible?

Reconexión, memoria y salud.